La ventana Indiscreta 1

Ratio:  / 3
MaloBueno 
Tamaño letra:

Algo sucedía en mi familia que me mosqueaba mucho. Veía a mis padres con cara seria casi siempre y por más que preguntaba no me decían lo que tanto les preocupaba. Últimamente les veía hablar a escondidas y en voz baja para que no me enterara. No saber lo que pasaba me llenaba de ansiedad pero a la vez no quería saberlo porque imaginaba que pasaba algo muy malo.

La tensión fue en aumento y al llegar el mes de noviembre de 2009 estalló la bomba en mi casa. Esta vez mi padre me pidió que me quedara a escuchar lo que tenía que decirnos a mi madre y a mí ¡Malo! Pensé. Me senté al lado de mamá y ella le hizo una seña a mi padre después de mirarme pero él dijo que con 15 años ya tenía edad suficiente para comprender ciertas cosas, entonces mi madre le dijo que hablara. Papá estaba sentado con nosotros, al otro lado de mi madre, tenía una carpeta en las manos, la abrió, carraspeó un poco y empezó a leer.

— La tienda va mal - empezó a decir -. Ya sabéis que esta crisis se está prolongando más de lo debido, lo dice todo el mundo. La gente ya no compra como compraba antes y…

— ¡Vicente por favor! sigue —le cortó mi madre porque mi padre es muy dado a enrollarse enseguida con un tema.

— El caso es que no podemos seguir manteniendo a tantos trabajadores. Lo siento mucho Paula pero hay que despedir por lo menos a 11 personas.

La noticia cayó como un mazazo, mamá se puso pálida y yo pensé: “11 familias más destrozadas por la crisis”

— Hay algo más. —dijo mi padre.

— ¿Todavía hay algo peor? —preguntó mi madre.

— Sí cariño. Debemos unos 200.000 euros a los proveedores

— ¡Te dije que no aceptaras esa oferta! Mira que te lo dije, pero no me hiciste caso, te cegó el regalo del coche y ahora ¿qué? nos comemos la mercancía porque no se vende nada de nada ¿no es así? —le espetó mi madre cabreada.

— Bueno, algunas sí se han vendido…

— ¡Déjalo Vicente! —le cortó mi madre otra— La deuda está ahí y no se va a pagar sola ¿cómo lo hacemos? —preguntó impaciente queriendo ir al grano.

—  

— Ten un poco de paciencia Paula todavía no he terminado. —dijo mi padre tratando de tranquilizarla.

— ¿Tenemos más deudas?

— Sí. Debemos 11 meses de hipoteca al banco y seis meses de la cuota del colegio de Pablo, habrá que cambiarle a otro.

— ¡Dios del cielo! ¿Pero cómo no me has dicho nada? ¿qué has hecho Vicente?

Mi padre agachó la cabeza y guardó silencio. Las cosas estaban peor de lo que creía pero poca cosa podía hacer yo salvo escuchar. Me recosté sobre el respaldo del sofá con las piernas encogidas y me sumí en mis propios pensamientos:

<< “Tendré que cambiar de colegio”, repetí mentalmente burlándome de mi padre, el muy capullo aún no se ha enterado de que el año que viene empiezo en la universidad, menos mal que mi abuelo es quien dirige este clan porque si no estaríamos perdidos. El año pasado mi abuelo me habló con mucha claridad acerca de lo que debía hacer:

— “Pablo escucha con atención lo que voy a decirte. En toda sociedad el núcleo más importante es la familia. Hoy, la sociedad está tan corrompida que terminará destruyendo a todas las familias y el día que eso suceda ya puedes decir adiós a la sociedad tal como la conoces.

— No tengo miedo abuelo, sé que tú cuidas de nuestra familia.

— Por supuesto, y la mejor manera de cuidar esa familia es actuar como las manadas de lobos ¿cómo crees que encaja eso en nuestra familia?

— Evidentemente el macho alfa eres tú abuelo, el macho beta mi padre y la hembra beta mi madre y yo supongo que seré el macho omega, el más joven de la manada.

— Te equivocas Pablo, tú eres el macho beta junto con tu madre, el macho alfa es el lugar de tu padre. Algún día tú serás mi heredero y por tanto, también el encargado de mantener a nuestra familia unida para que sea fuerte y pueda sobrevivir, por eso es tan importante que tengas una buena preparación. A lo largo de tu vida te tocará enfrentarte a toda clase de lobos dispuestos a devorarte si te consideran débil y detrás irá tu familia, por eso quiero pedirte que hagas un gran sacrificio: el año que viene debes terminar el bachiller para que cuando cumplas los 16 años entres en la universidad. Solo por eso serás admirado y destacarás por ser el estudiante más joven de toda la universidad doctorado en ciencias económicas y, si te ves con fuerzas, refuerza tus estudios con otra materia.

— Pero abuelo tendré que hacer los dos años a la vez y son muy fuertes.

— ¿Acaso tú no lo eres más?

— Claro que sí.

— No te pediría este esfuerzo si no confiara en ti.

— Gracias abuelo por confiar en mí, no te defraudaré.

— Lo sé hijo. —dijo y nos fundimos en un fuerte abrazo.   

Y he cumplido mi promesa, a mis quince años he terminado el bachiller haciendo los dos cursos a la vez y sacando matrícula de honor.

El director del colegio, después de darme la enhorabuena me ha dicho que hay unas cuantas Universidades interesadas en hablar conmigo, sólo espera que le dé mi permiso para que ellos puedan ponerse en contacto conmigo. Ya le dije entonces que necesitaba un poco de tiempo para pensar, antes de hacer nada debo hablar con mi abuelo para que me aconseje y como aún no he podido hablar con él, sigue esperando mi respuesta. En realidad no sé por qué se ha armado tanto alboroto ¡Joder, ni que hubiera ganado el premio Novell!

Para mí estudiar es muy sencillo: dispongo todo el material en una mesa (libros y apuntes) y me dedico a leer sin intentar comprender lo que estoy leyendo, simplemente alimento a mi cerebro con información. Mi cerebro tarda una hora o más (según el volumen de información) en procesarla y almacenarla en mi memoria, entonces es cuando hago los deberes y trabajos que me mandan en el instituto. A veces me sobran un par de horas antes de cenar y me dedico a ver videos porno por internet para masturbarme hasta que me corro. Si no me ha sobrado tiempo, lo dejo para después de cenar, cuando subo a mi habitación para dormir veo unos cuantos videos porno y me hago una paja. Puedo hacerlo tranquilamente por que mis padres pasan completamente de mí como yo de ellos.

Por eso, que mis padres no valorasen ese sacrificio era otra desilusión más para mí. Pero me molesta un montón que el capullo de mi padre ni se haya enterado. Ahí está sentado, recitando lo que ha escrito previamente en una hoja para darse importancia, cuando ni siquiera es capaz de memorizarlo y hablar de ello sin perderse. ¡Y cómo le gusta enrollarse! ¡Cuando engancha un tema no lo suelta! No me extraña que mamá le corte constantemente pidiéndole que vaya al grano.

¿Y mi madre? Otra que tal, encerrada en su “mundo de yuppie” ajena a lo que pasa a su alrededor ¿qué sabrá ella de la crisis? ¿De la gente que lo está pasando realmente mal? Para mi madre yo he sido siempre “Pablito o el niño”, no Pablo, el adolescente. Sólo se acuerda de mí cuando cree que en alguna postura muestra más de la cuenta, o cuando mi padre la abraza y la acaricia “¡Vicente que está el niño!” ¿Acaso cree que me voy a asustar? Me dan ganas de decirle: ¡Pero si tengo internet en mi habitación! ¡Espabilada! Seguro que he visto más sexo del que ella haya podido ver en toda su vida ¡A la mierda ella y mi padre, los dos!

Pues mira tú por dónde a lo mejor también estudio sociología, pensando en lo que me dijo mi abuelo cuando me pidió que me sacrificara. Me encanta observar el comportamiento humano, por ejemplo, en el colegio me llaman “el rarito” porque siempre estoy estudiando en vez de divertirme como ellos o “el maricón” porque nunca he salido con una tía ¿Pero qué sabrán ellos? ¡Si internet me da más satisfacciones de las que tendréis vosotros en vuestra miserable vida! Me la pela que se metan conmigo, y encima creerán que me humillan ¡Pobres tontos que no ven más allá de sus narices! Si observaran a la gente como hago yo, encontrarían más satisfacción que meter mano a una tía. Tengo un montón de videos de mis compañeros de clase metiéndoles mano a las tías y de ellas haciéndoles pajas a ellos, a lo mejor un día los cuelgo en una página porno a ver qué pasa.

Aprendí cómo son las tías con Cris, una compañera de clase que consideraba una amiga, la única que ha estado en mi casa más de una vez. Una tarde quedé con ella en mi casa para enseñarle un video porno, le había hablado del material que tenía y se excitó tanto que me estuvo insistiendo una semana para que se lo enseñara. Fui un tonto, tenía que haberme aprovechado de su excitación y habérmela follado en mi cama. Eso fue lo que me dijo mi abuelo cuando le conté lo que me hizo. El caso es que a Cris le gustó tanto el montaje que había hecho con los videos capturados a los compañeros a escondidas, que con los ojos brillantes de excitación me daba golpes en el muslo con su rodilla animándome a mostrarle más (y es que en el fondo, todos somos voyeurs). Pasamos toda la tarde mirando videos porno, unas veces riéndonos de lo que veíamos y otras poniéndonos cachondos. No intenté nada porque como dice mi abuelo, todavía me falta picardía.

Y luego va Cris y cotillea por todo el colegio que yo prefería estar todo el día encerrado en mi habitación viendo porno en internet a salir a divertirme, sin decir que ella también lo veía conmigo. Ése día me di cuenta de que las tías son un asco ¡Que las den mucho por culo! Han sido tantas las decepciones que me he llevado intentando socializarme con los compañeros de clase que prefiero estar solo ¡No los necesito!

Mi abuelo es el único que conoce mis problemas. Él me da toda la confianza para poder hablarle de todo lo que quiera. A veces me da montones de informes de diversos tipos, económicos, financieros, estudios de mercado o de marketing y me pide mi opinión ¡Cómo no voy a sentirme orgulloso de mi abuelo! Entre él y yo ha surgido una química especial. Tenemos la misma cohesión que el oxígeno y el nitrógeno formando el aire, o el oxígeno y el hidrogeno formando agua.

Pero hay más, desde que tenía 13 años cuando me abraza me he dado cuenta de que aparte de sentir la típica felicidad, siento también el bulto de su polla presionando contra mi paquete, lástima que soy un poco más alto que él (en eso salgo al capullo de mi padre) que si no, me gustaría morderle la polla a través del pantalón, a ver cómo reacciona. No me considero homosexual, soy bisexual porque a otra que la mordería sería a mi madre, en todo el coño para gozar mientras grita de dolor y de placer >>.

---/---

Mamá rompe a llorar de pronto devolviéndome a la realidad. Mi padre le pasa un brazo por los hombros y la consuela apretándola contra él no parece tan preocupado como ella y eso se debe a que ya tiene pensado un plan ¡Adelante papá, cuéntanos esa genialidad, sorpréndenos! Me digo.

Ella se recuesta sobre mi padre y al hacerlo su preciosa pierna queda al alcance de mi vista. Puedo verla desde el pie hasta la redondez de la nalga porque hoy lleva unas braguitas rojas tan sexys como incapaces de contener su culazo (tengo videos de casi todo el repertorio de bragas de mi madre dispuestas sobre su cama mientras me hago una paja) y si mi padre la moviera hacia él un poco más, se le subiría la pierna y tal vez podría verle hasta los pelos del coño, o no si lo tiene depilado. Me encanta soñar porque es de las pocas cosas que son gratis.

— ¿Y si hablas con tu padre? —dice él acariciándola el pelo.

— Vicente mi padre nos ha sacado de muchos apuros, no puedo pedirle que nos ayude otra vez. —contesta mamá.

— Ya, pero esta vez es distinto. —insiste papá.

— Claro y la anterior a ésta también y la anterior a la anterior… ¿quieres que siga? —le reprocha mamá.

Están enzarzados en un dialogo que no les lleva a ninguna parte, pero por mí que sigan, me estoy poniendo las botas mirando a mi madre. Siento que me empalmo con un delicioso gusto en el capullo. Me meto la mano por dentro del calzón corto (siempre lo llevo por casa, es más cómodo y me puedo hacer las pajas fácilmente), me agarro la polla, me la aprieto y un gusto terrible me recorre el cuerpo cuando se me estira. En ese momento pienso que mi madre está tan buena que le pegaría mil polvos seguidos si pudiera dominarla, porque a veces tiene un carácter tan jodido que le puse el mote de “la loba”.

Mi padre le insiste en que debe hablar con el abuelo pero ella está indecisa. Y para convencerla no se le ocurre otra cosa que deslizar la mano que antes apoyaba en su hombro por el costado de mamá, deteniéndose en la nalga desprotegida y apretarla, pero no se conforma con eso, quiere llegar a más. Rodea el muslo, palpa las bragas y se guía hasta tocar el bulto del coño. Se lo roza con las yemas de los dedos, haciendo presión a la altura de la vagina. La muy zorra agradece la caricia apretándose contra mi padre y encima se ladea un poco más levantando la pierna como invitando a ese dedo a que penetre dentro de las bragas. Viéndolo me da por pensar: ¡Por qué yo no puedo hacerte eso mamá, me lo merezco más que él porque soy tu hijo! Y de repente la muy idiota se sobresalta.

— ¡Vicente, el niño! —exclama alterada. Mi padre retira la mano rápidamente.

— ¿Has visto algo Pablo? —me pregunta con mirada inquisitoria.

— ¿Qué tendría que ver mamá? —contesto haciéndome el inocente.

— ¡Anda vete ya a tu habitación que es tarde!

¡A la mierda! Se me acabó el espectáculo. Me molesta tanto su actitud que no me da la gana ocultar mi erección.  Me levanto con una tienda de campaña considerable en mi entrepierna, me acerco a mi madre (que ni siquiera me mira el paquete) y hago que me caigo, ella se echa hacia adelante para sujetarme y yo le clavo mi polla entre las tetas, que se entere cómo estoy por su culpa pero ni se inmuta, ni siquiera me mira la entrepierna y eso que mis erecciones son espectaculares. Me sonríe y me da un “piquito” en los labios.

— ¡Hasta mañana cariño! —dice dándome un azote cariñoso en el culo ¡Yo sí que te daría azotes mamá!

En cambio mi padre sí que me mira la erección, me agacho sobre él y le abrazo juntando mi cara con su cabeza que sigue agachada ¡Cuánto disfruto sabiendo lo que me mira! La cabeza se me llena de perversiones. Me gustaría sujetarle la cabeza y susurrarle al oído ¡Bésame la polla papá! ¡Vamos maricón chúpamela un poco! Mi padre me aparta un poco y me besa en la cara también.

Más cachondo que un perro en celo me dirigí a las escaleras, subí a mi habitación y entré cerrando la puerta. Me eché sobre la cama, me saqué la polla y los huevos por la pernera del calzón. Con los dedos índice y pulgar me aprieto la base y empujo hacia dentro despacio, inmediatamente mi polla se agita en el aire, crece y engorda un poco más siento un gusto terrible que me invita a correrme. Me mantengo así, mirando excitado cómo me brilla el glande enrojecido. No sé por qué hago eso, sé de sobra que la polla no sale de dentro de uno pero gozo muchísimo haciéndolo. Cierro los ojos y empiezo a pajearme despacio imaginando que es mi madre quien me masturbaba, a los pocos minutos lanzo seis chorros de lefa dentro de la papelera.

-----OooO-----

Al final, mi madre se había decidido por ir a pedirle ayuda a su padre (mi abuelo) pero mi padre parecía tener prisa, no paraba de interrogarla sobre cuando iba a ir. Estuvo insistiendo todo el tiempo que desayunamos. Estuve a punto de saltar y decirle: —“papá deja ya de dar la brasa”— no sé cómo mamá le soportó, con el carácter que tiene pero se mantuvo callada, mirándome con seriedad ¿A que pago yo los platos rotos? Me dije. Cuando nos pusimos de pie para marcharnos fue cuando le dijo:

— Ya le he llamado Vicente, iré esta misma tarde a verle ¿contento? Pues deja de dar el tostón de una vez.

— ¡No te enfades Paulita! —dijo él en broma yéndola a dar un beso, pero ella se echó hacia atrás y yo me reí por dentro.

— ¡Te he dicho mil veces que no me llames así! El único que me lo puede llamar es mi padre, que no te lo tenga que repetir otra vez.

Mi padre lo sabía, sólo quería gastarle una broma pero ahí estaba el jodido carácter de “loba” de mi madre para recordárselo. Esa advertencia le cortó a mi padre y ya no la besó. Cuando la besé yo, le dije de paso que la acompañaría a ver al abuelo (así me podría dar un chapuzón en la piscina o por lo menos mojarme los pies mientras ellos hablaban de sus cosas), sonriéndome me dijo ¡vale! y me dio un besito en los labios, es la mayor concesión que he conseguido de ella.

…../…..

El abuelo vive en “La Moraleja” una urbanización de lujo a las afueras de Madrid porque se lo puede permitir (no entraré en detalles, sólo los necesarios). Nosotros vivimos en otra Urbanización distinta de la de mi abuelo que es más modesta.

Como he explicado antes, siempre que nos vemos mi abuelo y yo nos embarga la felicidad y el cariño nos aflora sinceramente, sin ocultar nada. Nos besamos en la cara y él me abrazó con fuerza pegándome contra su cuerpo. Yo me dejo estrujar encantado sintiendo el bulto de su polla contra la mía. Si fuera por mí permanecería horas pegado a su cuerpo frotando mi polla contra la suya, qué pena que estemos vestidos.

— Mamá yo me voy a la piscina para no aburrirme.

— No Pablo, te puedes resfriar.

— Hija deja que se bañe son las seis de la tarde y tenemos 30 grados de temperatura.

— Es que no se ha traído bañador ¿verdad? —dijo ella mirándome.

— Pero puede bañarse en calzoncillos. —contestó el abuelo por mí.

— Papá ¡No! con los calzoncillos mojados, cogería frío. —insistió mi madre.

— ¡Vale ya Paula! —medió mi abuelo mosqueado— si estás cabreada conmigo dilo pero no la pagues con Pablo que no tiene cinco años.

Ella se repliega inmediatamente al ver que su padre se enfada ¿Respeto o temor? Me pregunto.

— No estoy cabreada contigo papá, no te enfades. —dice ella besándole en la cara.

— Entonces báñate en pelotas Pablo.

El abuelo me quitó la camiseta rápidamente. Yo me desabroché los pantalones que cayeron de golpe a mis pies pero cuando me iba a quitar los calzoncillos se me adelantó mi abuelo que ya tenía una rodilla sobre la hierba. Me quedé mirando cómo metía los dedos por dentro del elástico y tiraba hacia abajo terminando de desnudarme ¡Abuelo tócame la polla un poco! Pienso de repente.

— Menuda polla tienes chaval —dice mi abuelo.

— ¡Por Dios papá no seas basto! —protestó mamá mirándome también la polla.

— No me regañes hija sólo estoy admirando a mi nieto. —dijo él mirándome con orgullo.

De repente mi abuelo me agarró la polla con toda la mano y yo separé las piernas. Me la levantó, me examinó los huevos y me los sopesó con la otra mano. Era la primera vez que mi abuelo me tocaba ahí y el calor de su mano me produjo una erección.

— Deja ya de tocarle papá. —insistió mamá pero no lo impidió.

— Pero si le vengo tocando desde que era un niño o ya no te acuerdas de cuando le ponía a mear.

— ¡Pero mira cómo se está poniendo! —exclamó ella alterada por mi erección.

Mi madre había retrocedido unos pasos muy nerviosa, yo por el contrario estaba en la “gloria”. Gozaba un montón con los sobos en los huevos que me daba mi abuelo y antes de que mamá le volviera a regañar me agarró la polla con fuerza y me dio varios estirones suaves pero firmes (no los que se dan cuando te masturbas, sino como los que se dan cuando arrancas algo). Ni yo mismo podía imaginar que esos “estirones” me produjeran una erección tan rápida, parecía que el glande me iba a explotar. El abuelo me lo descapulló bajándome la piel y volvió a examinarme con detenimiento. El glande, la zona del frenillo, me bajó la piel todo lo que daba de sí, el capullo se me inflamó un poco más manteniéndose erguido, asintió con la cabeza y por último apretó con suavidad la punta del capullo abriéndome el agujero de la uretra.

— Por aquí debes soltar litros de lefa. —dijo el abuelo guiñándome un ojo.

— ¡Se acabó papá! Vamos adentro ¡Y tú! —me amenazó mi madre con su dedo índice estirado— metete en el agua y quítate “eso”. — dijo mirándome la erección, luego dio media vuelta encaminándose hacia la casa con paso rápido. El abuelo chascó la lengua, seguro que desaprobaba la conducta de su hija.

— Nos ha cortado el rollo ¿eh?

— Ves por qué no hablo con ellos de mis cosas, mi madre cree que mi polla es de quita y pon.

— No es eso Pablo. Tu madre está aturdida porque acaba de ver que su niñito es ya un hombre en puro proceso de crecimiento.

— Sí pero las cosas se pueden decir de otra manera.

— Pablo no seas niño o creías que tu madre te iba a hablar como lo hace con tu padre.

— No claro que no.

— Anda vete al agua y cálmate la calentura —al decirlo me cogió del pellejo del capullo y agitó mi polla un par de veces— cuando vengas el viernes te daré una sorpresa.

— ¿Qué sorpresa? —pregunté emocionado.

— Que te tengo dicho Pablo.

— Que la precipitación es la madre del desastre.

— Entonces espera hasta el viernes.

Con esas palabras dio por zanjada nuestra conversación y se encaminó hacia la casa donde ya le esperaba mi madre. Ahora mi cabeza bullía excitada pensando en la sorpresa que me daría el abuelo al día siguiente. Dejé la ropa donde estaba y me metí en la piscina de golpe, el agua fría acabó con mi erección instantáneamente. Nadé un rato y luego me senté en el bordillo chapoteando en el agua con los pies, me relaja hacer eso.

Fue en ese momento cuando me pareció escuchar voces de personas discutiendo. Me quedé quieto y escuché atento. Entonces las oí de nuevo perfectamente. Al girarme vi iluminado el despacho de mi abuelo y que era de ahí de dónde venían las voces. Un poco mosqueado me acerqué de forma furtiva para enterarme de lo que pasaba. Según me acercaba supe que podía espiar tranquilo ya que los arbustos del jardín me tapaban. Al llegar me agaché y miré por la ventana.

Mi madre y mi abuelo parecían muy acalorados, tanto, que la blusa de ella a veces se inflaba al respirar amenazando con saltar los botones. Mi abuelo agitaba las manos a la vez que le gritaba a mamá que la culpa de nuestra situación era del maricón de mi padre. Me quedé sin habla. Jamás hubiera pensado que mi abuelo sería capaz de decir eso de mi padre y mucho menos decírselo a la cara a mi madre. Tal como yo esperaba Mamá defendió a mi padre gritándole al abuelo que su marido no era ningún maricón, que en todo caso lo sería él. Yo no entendía nada ¿qué había pasado para que se pusieran a discutir de esa forma? Empecé a ponerme nervioso, intuía algo malo.

Mi abuelo giró rápidamente la cabeza para mirarla y sin gritar la dijo muy serio:

— Te has pasado Paula, no me dejas otra opción que demostrarte que te equivocas.

— ¡Mira como tiemblo gran hombre, no eres más que una mierda forrada de dinero! ¿Tanto te cuesta compartir un poco con tu hija y tu nieto? ¡Eres un jodido tacaño!

— Estás empeorando las cosas. —contestó el abuelo con calma sacando de quicio a mi madre.

— ¡Y qué me vas a hacer ¿eh?! —chilló como una histérica.

— Lo que tenía que haber hecho hace muchos años. Darte lo que te mereces Paulita. —dijo el abuelo sin chillar.

— Te aprovechas de que no está ella. —dijo mi madre que a saber a quién se refería con lo de “ella”, tal vez lo dijera por Sally, la criada asiática de mi abuelo pero todos sabíamos que los jueves libraba.  

— No metas a tu pobre madre en esto. Ni la nombres si quiera. Deberías estarle agradecida, por ella hoy estás casada con ese gandul que tienes por marido.

— ¡Mi marido no es ningún gandul! —chilló ella con la cara desencajada— ¡Es más hombre que tú! —añadió.

— Qué confundida estás hija mía.

— ¡Nunca te ha gustado porque no hice lo que tú querías! ¡Pues te jodes!

— No Paulita, la que se va a joder eres tú. —contestó mi abuelo.

Mi madre se abalanzó sobre él con tanta rapidez que le sorprendió. Su mano derecha se estrelló contra la cara de su padre propinándole una tremenda hostia que tronó hasta en la calle. El abuelo ladeó la cabeza por el impacto. Yo me horroricé. Jamás había visto a mi madre ponerse así y encima había pegado a su propio padre. Mi madre estaba tan fuera de sí que intentó darle otra pero ya no pudo sorprender al abuelo otra vez porque éste le sujetó las dos manos.

Ambos forcejearon pero mi abuelo logró inmovilizar los brazos de mi madre. Ella le dio una patada en la espinilla, él se aguantó, ella intentó darle un rodillazo en la entrepierna, afortunadamente mi abuelo levantó una pierna ladeándola para protegerse y la rodilla de mi madre se estrelló contra la de él. El abuelo se puso tras ella, tiró hacia sí y la echó sobre el suelo. Eso descompuso a mi madre que empezó a lanzar patadas al aire aunque ninguna podía alcanzar al abuelo ya que estaba detrás de su cabeza.

Recuerdo que contemplaba la escena muerto de miedo, no podía hacer nada salvo seguir mirando. El abuelo logró quitarse el cinturón con una sola mano. Me entró pánico. Debí palidecer porque de repente me sentí la cara helada y, en un arrebato de valor me dije que si pegaba a mi madre entraría en la casa para defenderla como fuera. Pero el abuelo logró hacer un lazo con su cinturón utilizándolo para atarle las dos muñecas de los brazos a una de las patas de su mesa de escritorio, la que daba hacia afuera no debajo de la propia mesa. Aun atada, mamá se debatía como una leona lanzando patadas al aire con la intención de alcanzar a su padre que ahora estaba de pie mirándola, quitándose la camisa tranquilamente.

Al comprobar que no iba a pegarla la rabia se me pasó de inmediato siendo sustituida por excitación ¡Sigue dando patadas mamá, sigue! Me dije contemplando sus torneadas piernas y las braguitas de color negro ¡Joder se lo estaba viendo todo! Ni en mis mejores sueños podía imaginar algo así. De pronto, mi mirada se posó en el bulto de su sexo. El que tanto deseaba ver pero que siempre estaba oculto por esa prenda. No sé por qué pero tenía la impresión de que esa tarde mamá me iba a mostrar todos los secretos de su intimidad gracias a mi abuelo.

El cual ya se bajaba los pantalones tranquilamente. Mamá le insultó llamándole hijo de puta y cobarde. Intuía igual que yo lo que le iba a suceder. Mi abuelo ¡Iba a forzarla! ¡Joder, iba a ver como se follaban a mi madre contra su voluntad! ¡Con la mala leche que ella tenía!

Me tuve que apartar un momento de la ventana y calmarme, si seguía mirando iba a correrme sin haberme tocado siquiera. Respiré hondo por la nariz y expulsé el aire por la boca unas cuantas veces para calmarme y volví a mirar por la ventana.

Mi abuelo se había quitado los calzoncillos y estaba como Dios le trajo al mundo. Era la primera vez que le veía el culo y debo decir que me gustó. Sus nalgas carecían de vello (las que están cubiertas de mucho pelo me parecen asquerosas), aunque sus nalgas tenían algunos pliegues en la zona donde empieza el muslo, de todas formas estaba muy bien para sus 61 años. Lo malo es que al estar de espaldas a mí no le veía la polla ¡Y necesitaba verla para saber cómo era la polla que va a violar a mi madre! ¡Abuelo enséñame tu polla por favor! Grito mentalmente pero no se gira.

Mi madre seguía pataleando pero al verle desnudo aumentó el volumen de sus gritos, insultándole de forma horrible. Se llegó a “cagar en la madre que le había parido”, supongo que cualquier persona en su estado habría hecho lo mismo o tal vez más. Él en ningún momento contestó a sus insultos, permaneció callado sólo la miraba.

(Muchos se preguntarán por qué no intervine y la respuesta es muy fácil. Todos los gritos y todos los chillidos que daba mi madre eran para insultar a su padre. Ella sabía que yo estaba fuera, si hubiera gritado mi nombre habría entrado en el despacho y mi abuelo se hubiera detenido, pero mi madre en ningún momento pidió socorro, ni gritó mi nombre para que la ayudara, me ignoró por completo, lo mismo que hice yo con ella).

La falda se le había subido a la altura de las caderas, por lo que al lanzar patadas al aire le veía el precioso culo y, cuando paraba un momento para descansar volvía a fijar mis ojos en el abultado coño. El abuelo se puso a gatas en el suelo y pasó una pierna por encima de la cabeza de su hija, por lo que ella tuvo que verle los genitales perfectamente ¿qué pensaría mi madre al ver lo que su padre le iba a meter? Me hubiera gustado saberlo. El abuelo quedó sentado sobre su pecho.

—   Papá por favor no me hagas daño, te lo suplico.

—   Eso depende de ti, aunque tendré cuidado. —contestó él.

—   ¡Me lo harás aunque no quieras si me metes todo eso! —sollozó ella.

Al oírle decir eso mi imaginación se disparó aumentando mi excitación.

—   Tú te lo has buscado Paulita.

—   Perdóname papá no me daba cuenta de lo que decía. —dijo ella llorando.

—   ¡Claro que te dabas cuenta! ¡Querías hacerme daño y lo has conseguido!

—   Defendía a mi marido, entiéndelo por favor. No sigas papá.

—   ¡Deja de suplicar! Me estas cansando. —sentenció el abuelo.

De nuevo mi abuelo demostró su inteligencia. Levantó su pierna izquierda deslizándola por encima de mi madre. Pretendía meterla entre las piernas de ella pero mi madre no se lo ponía fácil levantando las rodillas al final el abuelo logró su objetivo, se echó sobre ese costado con todo el peso de su cuerpo inmovilizando la pierna de mi madre contra el suelo, ella chilló como si la pasara un coche por encima. Al hacer lo mismo con su pierna derecha no tuvo tanta dificultad, con lo que el abuelo quedó alojado entre las piernas de mi madre. Ella chilló de nuevo pero lo que le salió de la boca fue un rugido de impotencia al saberse perdida.

El abuelo se irguió apoyándose en el suelo con una sola mano y con la otra arrancó las bragas a mi madre de un tirón. Ella se quejó y se cagó en su padre, mi abuelo tiró hacia atrás las braguitas rotas. De pronto mi madre se quedó quieta ¿Se iba a rendir así de fácil? ¿Dónde estaba ese carácter de “loba”? Qué volubles son las mujeres me dije.

Nada más hacer esa reflexión ella levantó un poco la cabeza ¡Encima la muy zorra no se quiere perder detalle! Me dije, pero me equivoqué, mi madre le escupió saliva a la cara llamándole cerdo hijo de puta. Él ni se inmutó, ni siquiera se limpió el escupitajo pero le hizo una recomendación a su hija.

—   Cuanto más separes las piernas mejor, déjate hacer y todo irá bien.

—   ¿Encima me pides que me deje follar? ¡Serás maricón!

—   ¡Vale ya! —bramó el abuelo y ella se calló de golpe.

De pronto gritó: ¡No! ¡No! ¡No! Pero ya era tarde, mi abuelo estaba empujando con fuerza porque apretaba las nalgas. Ella dejó de gritar, bufó y jadeó muchas veces luego se quejó lastimeramente, parecía estar a punto de parir pero todo cesó cuando el abuelo se detuvo, seguro estoy que ya le había metido todo lo que tenía por meter ¡Así se hace abuelo! Pensé.

—   Ahora me estaré quieto un poco para que te acostumbres. —le dijo.

Mi madre “la pobrecita” sólo sabía decir — “es muy gorda, es muy gorda” — y resoplaba ¿Realmente se queja de dolor o de gusto? Pensé yo.

Pasados dos minutos por mi reloj, el abuelo se echó un poco hacia adelante apoyando las palmas de las manos en el suelo a los costados de mi madre y empezó a moverse adelante y atrás. Mamá volvió a insultarle, intentando a la vez darle patadas en la espalda, era evidente que no le quería dentro de ella.

Mi abuelo siguió moviéndose, apretando las nalgas con fuerza cuando llegaba al final para meterse profundamente, sin compasión, porque una tía como mi madre se merece que le hagan mearse de gusto. Miré el reloj, llevaban un minuto y mamá continuaba forcejeando a la vez que no paraba de insultarle ¡A ver cuánto tarda en rendirse! Me dije, porque tenía muy claro que la zorra de mi madre claudicaría tarde o temprano. A los dos minutos los insultos se fueron espaciando. Dos minutos después sus piernas alzadas aún se movían pero a causa de la inercia de los meneos que le daba mi abuelo. Entonces yo pensé: una de dos, o está cansada o se ha rendido a lo inevitable. A mí me parecía que mi madre había elegido la segunda opción.

El abuelo se la follaba con un ritmo lento pero constante y ella lo sentía porque gemía cada vez más, dejó de mover las piernas manteniéndolas separadas contra el suelo, permitiéndole a mi abuelo profundizar sin dificultad, segundos después las levantó para rodearlas en torno a la cintura de él, enganchando un pie con el otro. Miré mi reloj, habían pasado seis minutos y sonreí orgulloso ¡Joder con mi abuelo! Había rendido a mi madre en tan sólo seis minutos. Al mirarlos me di cuenta de que ahora ella no sólo se dejaba follar, sino que aportaba su granito de arena levantando el culo cuando mi abuelo empujaba ¡Abuelo eres un crack! Me dije.

Vencida la resistencia de la “loba” que no cesaba de jadear como una perra, mi abuelo se dedicó a hacer “filigranas” con ella. Metió los brazos por debajo de las corvas de sus piernas y se echó hacia adelante. Yo alucinaba viendo los gordos huevos de mi abuelo sobresaliendo por debajo de su culo de tanto como empujaba ¡Con qué maestría se follaba a la zorra de mi madre, daba gloria verlo! Me toqué un poco la polla y apunto estuve de correrme, no aguantaría mucho más y lo mismo le ocurría a mi abuelo que había acelerado el ritmo. De pronto sentí otro latigazo de gusto en la punta de mi capullo iba a correrme ya pero al escuchar los gritos de placer que daba mi madre, me esforcé por aguantarme, quería esperarla, a ver si lográbamos corrernos a la vez.

Los gritos de ella anunciando su orgasmo provocaron que yo me corriera también. Me giré hacia los arbustos con las rodillas un poco flexionadas y me pajeé varias veces notando mis pesados huevos columpiándose entre mis piernas. La casualidad nos unió a mi madre y a mí. Al escucharla gritar, yo entré en éxtasis. Se me cayó la cabeza sobre el pecho y mi polla lanzó siete chorros de lefa muy seguidos. El gusto que sentía era tan fuerte que se me doblaron las piernas y caí de rodillas sobre la hierba, mi polla no cesaba de bombear goterones de semen, al tener la boca abierta se me escapó la saliva. Al final, agotado por el esfuerzo me dejé caer hacia adelante apoyando mis codos en la hierba. En esa postura mi capullo rozó los tallos de las hierbas y el cosquilleo produjo un nuevo bombeo en mi polla y me dije: ¡Me he vaciado por completo! Me tumbé bocabajo agradeciendo la frescura de la hierba porque sentía quemazón en la punta del capullo ¡Qué gusto dios mío! Susurré

Los berreos de mí madre sonaban fuera del despacho y me dije: —no puede ser que aún se esté corriendo—, sentí curiosidad pero no tenía fuerzas para levantarme. Tardé cinco minutos en reunir las fuerzas necesarias para ponerme de pie y al mirar de nuevo por la ventana vi que mi abuelo seguía dale que te pego en el coño de “la loba” porque no se había corrido.

Se me hacía pesado mirar todo el rato. La escena era tremendamente monótona, siempre lo mismo: él se movía y ella aullaba de gusto ¡Vamos abuelo córrete de una santa vez! Pensé. Los minutos pasaban terriblemente despacio y de pronto él se agarró con fuerza a los hombros de mamá y empujó con tanta fuerza que el ojete de ambos se abombó hacia afuera e inmediatamente los dos esfínteres se contrajeron rápida y sucesivamente unas cuantas veces en una coreografía desincronizada pero muy morbosa y excitante ¡Era maravilloso ver cómo se corrían los dos a la vez! Al mirar mi reloj me quedé loco ¡Mi abuelo había tardado 33 minutos en correrse! Y mi pobre madre vete saber las veces que se había corrido ya. Durante un par de minutos ninguno se movió y aun así el esfínter del abuelo se contraía de vez en cuando bombeando sus últimas reservas de lefa ¡Era un fenómeno!

Al separarse el abuelo y ver el boquete que le había abierto en la vagina a mi madre me maravillé ¡Menuda polla debía tener el viejo! Mamá dobló las piernas por las rodillas apoyando los pies en el suelo y le empezó a salir el semen de la vagina, espeso y tan blanco como el pelo de la cabeza de mi abuelo. Éste se sentó en el suelo, descansó un poco y después desató las manos a mi madre. Ésta se incorporó sentándose también, se frotó las marcas enrojecidas de las muñecas mirando a su padre de reojo, sin previo aviso le abrazó, el abuelo no rehuyó el abrazo pero tampoco se movió, las palmas de sus manos seguían apoyadas en el suelo.

Ella le buscó la boca para besarle pero él apartó la cara. Se deshizo del abrazo de mi madre, apoyó una mano sobre el borde de la mesa y se puso de pie. Digo yo que tendría que estar feliz sin embargo su gesto parecía triste, o decepcionado, tal vez las dos cosas. Mi madre no se dio por vencida y como estaba acuclillada delante de él no tuvo inconveniente en acercar la cara a su entrepierna, al ver los movimientos de su cabeza fue fácil imaginar que la muy guarra estaba limpiando la misma polla que la había forzado ¡Bien, ahora ya sabía cómo era mi madre en realidad! El abuelo le pidió que se apartara pero ella no lo hizo, entonces la cogió por los hombros y la apartó de él con violencia. Mamá rompió a llorar y permaneció en el suelo. —Vete a lavar —le dijo el abuelo pero ella no se movió— ¿me has oído? ¡Que te vayas a lavar de una puta vez! —el grito de mi abuelo hizo que mamá se pusiera en pie, entonces el abuelo la empujó con una pierna para echarla de su despacho. Decepcionado por lo que acababa de ver me fui a la piscina y me metí dentro del agua. FIN DE LA 1ª PARTE.