Al principio

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Caín estaba escondido entre unos arbustos viendo como Adán se preparaba para ir a buscar lo que llamaban melones; unas cosas con la piel dura que algunas veces son dulces y otras no tanto, pero no le apetecía acompañarlos.

Prefería seguir mirando a Eva; ese hombre que es tan diferente a mí, tiene el cuello más delgado y largo, lo de mamar más grueso y siempre se le mueve cuando anda, además no tiene rabo y siempre se pone flores en el pelo.

 

Adán y Abel marcharon siguiendo el curso del rio y estarían fuera varias oscuridades; dormirían en el campo y nosotros en la cueva que estaba cerca del rio donde Eva se metía cada claridad y estaba un rato como si fuera un pez.

Los otros hombres más pequeños estaban correteando; lo esperé a que saliera del agua y me puse enfrente suyo; mis labios llegaban a su hombro y le dije que quería mamar, se apoyó en una roca y comencé a mamar pero no salía nada, me esforcé un poco más y comenzó a quejarse pero no como cuando saca a un hombre pequeño de su barriga, paré y me dijo que siguiera mamando.

Como me gusta su piel más suave que la mía, le mamé el pecho hasta llegar al cuello y cada vez se quejaba más pero muy flojito, entonces fue ella la que quiso mamarme a mí la boca y pasó algo muy raro; metió su lengua y comenzó a jugar con la mía, me gusto como lo hacía y también yo hice lo mismo.

Con su mano cogió mi rabo y se puso duro, muy duro y entonces me abrazó muy fuerte y nos fuimos resbalando hasta quedar tumbados en la hierba; se puso encima de mi como algunas veces he visto que hace con Adán y siguió dándome sorpresas; se metió mi rabo por donde ella no tiene y comenzó a moverse como si le estuvieran mordiendo las hormigas.

No dejábamos de mamarnos la boca y yo no la soltaba de mi abrazo pero ella siguió moviéndose hasta que gruñó y se quedó quieta y riendo; yo estaba muy raro y quería que se siguiera moviendo, la cogí fuerte de las nalgas y la fui moviendo adelante y atrás sin parar, entonces comenzó a gruñir otra vez y también a mí me dieron ganas de gruñir cuando comenzaron a darme picotazos en el rabo y en la barriga, estaba sorprendido porque eso no me había pasado nunca pero quería seguir haciéndolo.

Al rato se levantó y vi que le caía algo de donde no tiene rabo, lo mismo que tenía yo en él y que estaba pegajoso como lo que sale de dentro al melón.  El frio anterior, uno de los hombres pequeños señalando a donde se mama lo llamó bubis y nos hizo gracia a todos y así lo llamamos desde entonces; los tenía más duros que cuando comenzamos y la punta era más gorda.     

Tome uno de los últimos melones y lo partí, los hombres pequeños vinieron a por su parte; tanto los que tienen rabo como los que no y se fueron otra vez, nosotros también comimos melón y puse de eso dulce que sale de dentro en la cara de Eva y entonces quise mamarle para ver como sabia, pero le fue resbalando por entre los bubis y le llegó una parte hasta donde no tiene rabo.

Seguí mamando y recogiendo todo lo dulce y ella se quejaba como antes y supe que no era queja; se retorcía como la serpiente y cerraba los ojos y mi rabo se puso duro otra vez; le puse más de eso dulce en donde no tiene rabo y mamé y mamé hasta que comenzó a soltar algo salado que junto con lo dulce me sabía muy bien y eso solo fue el principio, ella se retorcía y me agarraba la cabeza para que no me apartara hasta que por fin comenzó a sacudirse cada vez más fuerte y de golpe se quedó quieta encogiendo mucho las piernas.

Cuando me miró le dije lo mucho que me había gustado lo dulce del melón con lo salado de su cuerpo y quiso hacerlo ella; también me puso de eso dulce del melón desde la boca hasta el rabo; estaba tendido en la hierba y comenzó a mamarme primero la boca metiendo su lengua como antes y después fue recogiendo todo hasta llegar al rabo que también fue lamiendo, cada vez estaba más duro y cuando lo sujetó con la mano para que no se escapara comenzó a darme picotazos como antes.

El rabo le escupió en la cara y ella chupó lo que salía y también lo que había puesto de dentro del melón, se reía y seguí a chupando y mamando hasta que los picotazos fueron tan fuertes que me sacudía como ella hacia un rato, después me quedé como dormido mientras ella recogía todo, lo dulce y también lo salado y se lo tragaba como lo que Adán le coge a los pájaros pequeños aunque le piquen.

Los hombres pequeños vinieron a donde estábamos y se echaron por encima nuestro como otras veces cuando quieren dormir, los pusimos entre los dos y nos dormimos todos hasta que se fue la oscuridad.

Eva se fue al rio y también yo me metí; ella me restregó el cuerpo con arena después de hacerlo con el suyo y me notaba muy contento de ver que ella también lo estaba, les dimos a los hombres pequeños unas cosas del mismo color que lo que saca Eva de su barriga junto a los hombres pequeños y que hay en el árbol bajo y se fueron a corretear que es lo que más les gusta.

Nosotros también comimos de esas cosas y después nos pusimos a mamarnos las bocas antes de mamar sus bubis; después continué por donde no tiene rabo y otra vez se retorció como la serpiente antes de gruñir, se quedó tendida en la hierba y después me dijo que le metiera mi rabo como había hecho ella, eso me gustó mucho y más cuando comenzaron los picotazos; esta vez al pararme un poco se fueron alargando y cada vez que me movía deprisa pinchaba más y cuando me paraba los picotazos también aflojaban.

Terminé dándole mucha de esa cosa salada y cuando se puso de pie le salía un poco de donde no tiene rabo y nos reíamos los dos; desde entonces cuando quería que viniera le decía MAMA y ella acudía y comenzábamos a mamarnos el uno al otro y jugábamos con lo que sale de dentro del melón y lo que sale de mi rabo, aunque siempre terminábamos con mi rabo dentro de ella y eso nos gustaba cada vez más.

Pasaron varias oscuridades y cuando el sol estaba muy alto llegaron Adán y Abel con muchos melones y trozos de eso que les quitan a los pájaros pequeños, les dieron a los hombres pequeños un poco y soltaron todo en el suelo, enfadado Adán me preguntó porque no los había acompañado y le dije que quería mamar de Eva en lugar de andar con ellos, se fue a beber al rio y ya no me dijo nada más.

Cuando llegó la oscuridad, Eva se puso en mi hierba y Adán se enfadó y quiso que se fuera a la suya pero ella se quedó mamando conmigo y como esa noche la oscuridad tenía un sol más pequeño como otras veces, vi como Adán estaba de pie mirando cómo nos mamábamos y reíamos.

Cuando se fue la oscuridad Eva fue al rio como siempre y Adán me dijo que no quería que comiera de sus melones, estaba muy enfadado y le dio melón a las hombres pequeños pero no quiso que yo comiera, me fui a donde había pájaros pequeños y les cogí de eso que tienen aunque varios me picaron, después comí de esas cosas del árbol bajo y cuando Eva salió del rio le dije que ya no comería melones de los que había traído Adán porque estaba enfadado.

Ella le preguntó porque y le dijo que como no había querido ir a buscarlos no comería, además no quería que ella durmiera en mi hierba; Eva se enfadó tanto que no quiso comer lo que le ofrecía y solo comió lo que le dieron los hombres pequeños, se vino junto a mí y comenzó a mamarme la boca como si quisiera comerme, quedamos en el suelo y sin dejar de mamarnos metió mi rabo en ella y se movió hasta llenarse por completo de lo mío.

Adán se fue a lo alto de un cerro y cuando nos apartamos me dijo Eva que nos iríamos, no quería estar más con él ni que le diera de comer sus melones y además, Adán no sabía mamar como yo ni aprendería nunca porque solo le gusta guardar su rabo, y no siempre por el mismo agujero y que por el otro le duele tanto o más que cuando saca de su barriga un hombre pequeño.

Con lo que había cogido a los pájaros pequeños seguimos el curso del rio hasta donde están los melones, comimos bastante y después de mamar mucho nos dormimos abrazados para no sentir tanto frio porque no había ninguna cueva que conociéramos, cuando se fue la oscuridad Eva como siempre se metió en el rio mientras yo recogía unos cuantos melones, algunos más duros que otros para tenerlos preparados y quisiéramos seguir el camino, entre en el agua y ella me dio con arena negra de la que hay donde se termina el agua allí donde me habían picado los pájaros pequeños y noté alivio.

Después de mamar hasta que los dos gruñimos varias veces sin que nos interrumpieran los hombres pequeños, cargamos con los melones que pudimos y seguimos caminando junto al rio hasta que se hizo tan ancho que la otra orilla se veía muy lejos y el agua apenas se movía, vimos una cueva grande y al lado otra más pequeña y en ninguna de las dos había animales que nos inquietaran y decidimos quedarnos; estaba a medio sol de donde están los melones y había muchos árboles bajos cargados de esas cosas qua tanto gustan a los hombres pequeños y a nosotros también.

Un poco más lejos vimos un sitio donde había muchas flores y pájaros pequeños, ya veríamos como hacerlo para cogerles lo que nos gusta sin que nos picaran tanto como otras veces.         Eva recogió hierba y la puso en la cueva pequeña porque la oscuridad es mejor pasarla muy juntos y yo puse los melones y lo demás en la otra cueva; metí un trozo de árbol seco que encontré y varios de los melones los dejé colgados de las ramas para que no se ensuciaran con la arena del suelo.

Esa oscuridad gruñimos mucho más que desde que habíamos descubierto lo bien que se pasa y cuando se fue la oscuridad, mientras Eva se metía en el rio yo me unté el cuerpo con esa arena negra que me había aliviado los picotazos y me fui hasta donde estaban los pájaros pequeños, tenía muchos encima de mí pero si cerraba los ojos no me molestaban y solo oía como gritaban con sus vocecillas y les cogí más de lo que necesitábamos para comer esa vez y cuando llegue a nuestra cueva vi que comeríamos varias veces con eso.

Eva ya estaba fuera del agua pero me acompañó otra vez y me quitó esa arena negra y me restregó con la misma que emplea para ella y me quedé muy bien, comimos melón y también lo de los arboles bajos y nos pusimos a hacer lo que más nos gusta, mamar hasta gruñir una y otra vez; en las oscuridades también pasábamos mucho rato mamando.

Dejábamos los restos de lo que comíamos donde lo hacíamos porque había una gran explanada con hierba delante de las cuevas, pero comenzaron a venir pájaros pequeños pero no de los que les cogíamos aquello que tanto nos gusta y resultaban muy molestos, tiramos los restos al agua y como apenas había corriente no se iban y a Eva no le gustaba meterse rodeada de todo eso, entonces decidí taparlos con tierra en zanjas que excavaba en la arena que hay entre la hierba y el agua.

Fue pasando el tiempo; olvidamos unos melones en la parte alta del árbol seco que hay en la cueva grande y cuando abrimos uno de ellos y lo comimos vimos que estaba muy dulce y seco, fuimos comiendo los otros y todos estaban muy dulces, entonces nos dedicamos a colgar todos los que pudimos, también lo hicimos con los frutos del árbol bajo y también estaban secos y dulces cuando los comimos; Eva se fijó en unos animalitos que hay en los arboles altos y que tiraban unas cosas después de jugar con ellas, eran cascaras de algo y pensó que si eran buenos para ellos quizás también lo serían para nosotros.

Subí a uno de esos árboles y vi que es lo que los animalillos comían, fui tirándolos y Eva los recogió para llevarlos a la cueva y tratar de averiguar si al comerlos nos gustaban; mordí uno pero no pude comerlo y entonces Eva lo golpeó con una piedra y sacó lo que había dentro, lo cató y al ver su cara de satisfacción tome un pedazo y vi que estaba bueno, partimos unos cuantos y los comimos mirándonos y riendo, habíamos aprendido de unos animalillos donde sacar alimento y decidimos recoger cuantos pudiéramos y guardarlos para cuando la oscuridad fuera más larga que la claridad e hiciera frio.

Fui a muchos árboles pero no lo recogía todo, dejaba una parte para que los animalillos que nos habían enseñado también pudieran comer, lo poníamos en una cosa que encontré, es donde los pájaros más grandes ponen sus huevos y como vi unos cuantos vacíos los bajé también pensando que nos serviría precisamente para eso; Eva se fijó como estaban hechos y con hierbas y ramas hizo uno más grande donde colocó muchos de esos duros frutos junto a unas cuantas piedras que nos iban muy bien para romper la cascara.

A Eva le creció la barriga y los bubis se le pusieron más grandes calientes y duros que antes y tenía siempre ganas de mamar y a mí me parecía estupendo; cuando sacó de la barriga otro hombre pequeño, al mamarle los bubis salió eso que tanto me gusta, pero me dijo que eso era para el hombre pequeño sin rabo porque aún no tenía dientes; lo llamamos Gua por la forma en que lloraba.

Recordé que más allá de donde están las flores y los pájaros pequeños había unos animales que solo me llegaban a la altura del rabo y con unos bubis casi tan grandes como los de Eva y pensé que si también tendrían dentro lo mismo que ella podría sacárselo; para hablarle de ello a Eva los llamé virjos y cuando me oyó solo me dijo que tuviera cuidado por si mordían, fui varias veces y en cada ocasión me acercaba un poco más y no parecía animales fieros, tenían las orejas muy largas y caídas y como unas hierbas cubrían sus cuerpos.

Había unos cuantos que siempre iban juntos y casi todos tenían bubis tan grandes como los de Eva, había también unos más pequeños que mamaban estando de pie y una oscuridad me quedé cerca y logré coger a uno que tenía los bubis muy, muy grandes, se resistió un poco pero por fin pude agarrarla fuerte por sus hierbas y arrastrarla hasta nuestra cueva, con hierbas largas que había preparado de las que crecen junto al rio la até a uno de los arboles pequeños que hay junto a la entrada y cuando me di cuenta había otros dos animales pequeños mamando de sus bubis, me agache y también mamé; no era tan dulce como lo de Eva pero estaba igual de caliente.

Llevé el virjo dentro de la cueva y le dije a Eva que mamara, en la oscuridad lo hizo y después de un rato me dijo que ya lo podía sacar otra vez, desde entonces los dos mamábamos del virjo y poco después fui a por otro y también nos siguieron de regreso dos virjos pequeños que mamaban como si no pasara nada, con unas estacas cerré la entrada de la cueva grande donde pasaban la oscuridad todos los virjos y nosotros tapamos parte de la entrada a la nuestra con ramas y matas que se secaron y nos protegían del aire frio y de la lluvia cuando al oscuridad se hizo más larga y el día más corto.

Cuando las claridades fueron más largas, de donde estaban las zanjas comenzaron a salir flores, después unas cosas pequeñas y por fin aparecieron melones; melones como los que tenía que ir a buscar a medio sol y estaban saliendo allí mismo. Seguí enterrando lo que quedaba después de comer los melones, pero cada vez más lejos y echando poco en cada sitio, y después de dos fríos había muchas matas de melones cerca y ya no hacía falta ir al mismo sitio donde alguna vez había visto llegar a Adán con Abel a por los que se llevaban al sitio donde estaban ellos con los demás hombres.

El hombre pequeño mamaba de Eva y nosotros de los virjos a los que les daba hierbas de las que encontraba por los alrededores, también comíamos melones y frutos del árbol pequeño además de partir algunos de esos frutos de los arboles altos, cada vez la oscuridad era más corta y la claridad más larga; Eva comenzó a ir al rio otra vez y yo sacaba de su cueva a los virjos pequeños para que jugaran y comieran hierba; después sacaba a los grandes dejando dentro a los pequeños porque un día uno de los grande se escapó y fue a comer hierba donde quiso pero después regresó y se quedó junto a las estacas; al otro lado estaban sus dos virjos esperándolo.

Desde entonces suelo dejarlos sueltos pero solo a los grandes o a los pequeños, nunca juntos a todos para que no se vayan, una claridad llegó un virjo más grande con unos cuernos que lo hacían muy fiero y por si acaso no me acerque, pero no éramos nosotros quienes le interesábamos; se montó encima de uno de los virjos y le metió su rabo igual que hago yo con Eva siempre que quiere, y el que estaba debajo parecía tan contento o más que nosotros; cuando lo dejó se fue corriendo junto a las estacas para estar con los pequeños, después ese mismo virjo se fue a por el otro con igual resultado, después de terminar nos miró unos instantes y salió corriendo hacia el mismo sitio de donde había venido.

Esos dos virjos sacaron de sus barrigas dos cada uno y más pequeños que los que los acompañaron al llegar, uno de aquellos primeros pequeños también tenía bubis y en la siguiente visita del virjo de los cuernos también lo montó para gran regocijo de nuestro pequeño hombre que se reía al ver como se parecían a nosotros.

Una claridad vi que algunas estacas se habían caído pero los virjos entraban y salían sin miedo a comer al prado y regresaban para estar a la sombra, desde entonces retiré las estacas y les proporcioné hierba cuando llegaban las largas oscuridades y el frio.

Eva sacó de su barriga a otro hombre sin rabo esta vez, jugaba con el otro hombre y los virjos pequeños; mamaba cuando lo hacían ellos de los virjos grandes, yo lo hacía de Eva que le gustaba que mamara de sus bubis y después mucho con ella; el hombre más grande de los dos me ayudaba a recoger hierba que dejábamos secar para que comieran los virjos cuando llegaran los fríos.

Unos cuantos fríos después mientras estábamos en el rio y Eva me restregaba con la arena oímos voces y aparecieron dos hombres sin rabo que me llegaban al hombro con sus labios; venían por el mismo camino que tomamos nosotros para llegar aquí y Eva los abrazó con ternura y me dijo gritando.

Caín.   ¿No recuerdas a estos hombres pequeños sin rabo que dejamos cuando vinimos aquí?

Entonces los reconocí, pero es que al haber crecido tanto y lucir esos bubis tan grandes como los de Eva me costó; estaban muy delgados y les pregunté si habían comido y nos contaron que ese frio había sido muy duro y que no tenían apenas comida, les dimos melones y frutos del árbol bajo secos; los comieron mientras abríamos unos cuantos frutos duros, se sorprendieron mucho y peguntaron que clase de frutos eran esos.

Eva les contó lo de dejarlos secar en el árbol que les mostro dentro de la cueva grande, y cuando se tiró al suelo y mamó de uno de los virjos para que supieran como hacerlo, lo imitaron se pusieron muy contentas.            Entonces les preguntó porque habían venido y como estaban los demás.    El que era más alto respondió.

Adán y Abel están bien; los otros dos hombres sin rabo también están bien y no han querido venir, a uno de ellos lo llaman Eva y ahora Abel quiere que lo llamen Caín y cuentan unas cosas muy rara, pero si hemos venido es porque los dos solo piensan en meternos su rabo por el agujero que duele y eso no nos gusta nada; con los dos hombres iguales sin rabo que se han quedado lo hacen sin parar y nosotros hemos querido venir a estar con vosotros si nos dejáis o seguiremos camino hasta un lugar donde no molestemos.

Eva los abrazó y les dijo que podían quedarse si querían, y que yo guardaba muy bien el rabo pero en el agujero que gustaba.           Aceptaron y después de dar de comer a Gua que ya me llegaba a la cintura nos tendimos en la hierba; Eva le echo a una de ellas lo que guardan los melones dentro por encima, desde los bubis hasta donde no tienen rabo para que yo se lo mamara a ese hombre que había llegado.

No me extraño cuando comenzó a bramar y gruñir y su cuerpo botaba como si le mordieran las hormigas, ya lo había visto en Eva que nos miraba con curiosidad y al ver que también a ese hombre le gustó lo apartó para que le hiciera lo mismo y se lo hice; después enterré mi rabo en ella y le estuve dando tanto y tan fuerte que cuando gruñó asustó al que estaba mirando y que desconocía porque gruñía.

Eva comenzó a mamarle la boca y después las bubis hasta que también este se acercó a mí para que lo mamara como al otro un rato antes, todas las claridades dábamos de comer a los hombres pequeños, después sacábamos a los virjos y nos íbamos al rio a darnos con arena fina como nos había enseñado Eva.            En la hierba mamaba con alguno de los hombres venidos o con los dos, pero siempre que Eva se acercaba mamábamos como la primera vez.

Una claridad y cuando el sol ya caía apareció el virjo de los cuernos y se acercó a los que había en el prado junto al rio, los que tienes bubis estaban quietos mirándolo; el primero que salió de la barriga estando con nosotros y que tiene el color de nuestro cuerpo y destaca entre los demás que son todos como nuestros pelos, le habían salido unos cuernos casi tan grandes como el que llegó y comenzó a gruñir muy fuerte y se puso enfrente del otro para que no pudiera acercarse a los de los bubis.

Comenzaron a golpearse con los cuernos y se siguieron dando golpes hasta que el que había venido se fue corriendo y no lo vimos más, las claridades siguiente vimos que fue montando a todos los que tenían bubis y después del siguiente frio casi todas sacaron de su barriga dos o tres virjos pequeños, algunos con parte o todo el cuerpo del mismo color nuestro.

De virjos ya habían entre grandes y pequeños un hombre de manos y pies; había visto no muy lejos una cueva que era más grande que las otras dos juntas, y que del fondo salía un rio muy pequeño con agua fresca; los hombres que habían llegado Gua y yo llevamos hierba y algunas cosas allí para que estuvieran los virjos; con estacas y ramas cerramos mucho la entrada para que no entrara tanto calor ni frio; de regreso nos fuimos todos a la cueva grande y pusimos hierbas para que todos pudiéramos pasar la claridad larga y cuando llegaran los fríos iríamos a la cueva pequeña que se está más caliente estando todos juntos y abrazados.

Una claridad nos levantamos muy temprano, Gua y yo comimos y nos fuimos como otras veces a conocer que había más allá de donde habíamos ido la vez anterior, llevábamos estacas para saber por dónde regresar si nos apartábamos del curso del rio y después de andar medio sol vimos que el rio se estrechaba otra vez y en la otra orilla se veían unos animales más grandes que los virjos y también con grandes orejas que parecían inofensivos, por unas piedras con mucho cuidado cruzamos el rio y al llegar al otro lado los animales no se asustaron y pudimos acercarnos.

Eran casi tan grandes como nosotros y tenían los ojos y la cabeza muy grandes, algunos se apartaron del agua y se fueron hasta unos árboles y del suelo cogían unas cosas largas y negras que comían, en los arboles había muchas cosas de esas y nosotros también cogimos algunas del suelo; partimos una y dentro vimos una especie de arena que al chuparla era dulce y muy sabrosa, cogimos todas las que pudimos en uno de esos nidos que hace Eva; otro lo llené de las que había en el árbol que estaban ya negras pensando que serían las más maduras.         

Regresamos por el mismo camino y la oscuridad nos alcanzó cuando ya estábamos llegando a las cuevas y las dimos a probar a los demás que les gustaron mucho, cuando llegó la claridad repartimos los secas que habíamos traído en varios nidos más pequeños y las que cogimos del árbol las puso Eva atadas en raíces trenzadas colgando del árbol seco y de otro que pusimos al lado del primero.

La claridad que llevamos a los virjos a la otra cueva Gua le dijo a Eva que quería mamar, ya llegaba a mis pequeñas bubis con sus labios y Eva se apoyó en una piedra grande como hizo conmigo la primera vez y dejó que Gua comenzara a mamar sus bubis de las que no había nada que sacar; el rabo de Gua no era tan grande como el mío pero también se puso duro y estábamos los otros dos hombres y yo mirando como Eva lo hacía disfrutar hasta que lo tumbó en la hierba y se metió el rabo para comenzar a moverse como si le mordieran las hormigas.

Uno de aquellos hombres me agarró el rabo y quiso que le lo metiera también, hacía poco que había estado metiéndoselo a Eva pero lo hice aunque tardé mucho en llenarla de eso que me sale del rabo cuando me dan picotazos en él y en la barriga; en ese tiempo ella gruñó muchas veces y los ojos se le cerraban del todo y los abría como cuando una piedra te chafa un dedo. Desde entonces cuando le meto el rabo a uno de los hombres después se lo meto a otro y así los tres lo pasamos muy bien.

A uno de los hombres comenzó a crecerle la barriga como a Eva antes de sacar a Gua y cuando estaba muy gorda le comenzó a crecer a la otra, ese frio fue muy divertido; teníamos mucha comida para nosotros y también para los virjos y cada oscuridad traía a dos para mamar de sus bubis además de comer melón y frutos duros que partía Gua para todos, también comíamos algún fruto negro pero no hicieron falta muchos, pasábamos muchos ratos mamando de uno u otro tanto Gua como yo y ellos se ponían muy contentos de estar calentitos y tan bien atendidos por nosotros dos, los hombres pequeños jugaban cerca de la entrada mientras había claridad y después se dormían abrazados a los mayores para estar calentitos.

Los hombres pequeños salieron de las barrigas y ninguno tenía rabo, les daban de mamar cualquiera de los dos hombres que tenían en sus bubis para darles y siempre había uno con ellos para que estuvieran callados y calentitos, el otro salía al rio o a tumbarse en la hierba para disfrutar del rabo de Gua o del mío hasta que otro de los hombres que ya había crecido hasta llegarle al hombro con los labios a Eva también quiso mamar como nosotros, esa claridad fue especial porque cuando el sol ya caía estábamos los tres que teníamos rabo metidos en los que no y todos gruñendo a la vez.

Una claridad Eva no se despertó, ya tenía el pelo como el cuerpo y no se movía, le mamé la boca y no me mamó y Gua dijo que estaba fría como los virjos que no habían despertado unas claridades desde hacía algunos fríos.

Llevamos a Eva hasta donde salían los melones y la pusimos en una zanja que hice para ella; pusimos una estaca para saber dónde estaba y también algunas cosas de esas negras que le gustaban mucho; durante muchas claridades le puse flores de las que se ponía en el pelo.         Paso ese frío y otro y otro más pero no salió de la tierra como los melones habían salido, pero si unos árboles pequeños en los que aparecieron esas cosas que se hicieron negras antes de caer al suelo; nosotros seguimos mamando siempre que podíamos y los hombres sin rabo sacaron de sus barrigas más hombres pequeños.

Ya éramos dos hombres de pies y manos y dos manos cuando una claridad Caín se despertó con mucho frio, los hombres sin rabo lo abrazaron pero cada vez tenía más frio hasta que se durmió y ya no despertó más, los demás me ayudaron y lo metí en una zanja junto a Eva, ahora soy yo Gua el jefe de todos estos hombres y seguiré haciendo lo que me enseñaron todas las claridades que han de venir, y seguiré buscando cosas para comer y más cuevas para vivir porque en estas estamos muy apretados, pero seguiremos siendo el mismo rebaño aunque estemos lejos unos de otros.

De Adán, Abel y su rebaño hace mucho que no sabemos nada ni nos importa como no les importaba a Eva y Caín cuando estaban despiertos.

Agradecería todo tipo de comentarios aquí

PobreCain.

, virjos Gua

En ese tiempo había descubierto