La playa de los cuernos

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El dia habia amanecido fresco aunque el sol lucia radiante en el cielo despejado de aquella mañana de verano en la que una brisa mañanera provocaba un agradable alivio del calor tipico de esta epoca del año. Despues de un ligero desayuno tomé una ducha y preparé mis cosas para ir a la playa, vivimos cerca del mar aunque no tanto como para evitar tener que conducir durante quince o veinte minutos, serian las diez y media cuando ya pertrechada con lo necesario para pasar el dia arranqué mi utilitario rumbo a lo que deberia ser un bonito dia de playa, era martes y el tráfico de comun intenso los fines de semana era fluido por lo que disfruté del trayecto conduciendo relajadamente, escuchaba la radio sintiendo el sol en el rostro mientras la brisa penetraba por la ventanilla bajada haciendo ondear mi pelo suelto.

Aparqué sin dificultad en una explanada de tierra junto a un camino de madera que sobre la fina arena conducía a la orilla del mar, era un paraje al que acudia a menudo, lejos del bullicio de la playa del pueblo cercano donde entre chiringuitos y edificios se aglomeraba un ejercito de bañistas con niños, balones de Nivea, tortillas de patatas y mobiliario de playa tan diverso y extravagante como ruidoso y bullanguero resultaba el ambiente.

Llevaba conmigo lo imprescindible para pasar unas horas de esa relajación que tanto estaba deseando desde que el tiempo habia cambiado., la pasada primavera habia sido lluviosa e incluso mas fria de lo usual, con mi sombrilla terciada al hombro, una pequeña nevera, una ligera silla de aluminio y mi bolso playero caminé por la arena mojada para alejarme del camino de madera.

La playa es muy extensa y te puedes cansar de caminar por la orilla sin llegar a ver un limite a su extensión, además estaba preciosa con un mar calmo de azul intenso y relajante. No habia nadie en muchos metros a la redonda, mi vista se perdia en el lejania donde apenas se apreciaba algúnos diminutos puntos dispersos, me habia alejado del camino como prevención de que mas tarde acudieran mas bañista porque la verdad es que la playa era para mi disfrute exclusivo.

Clavé mi sombrilla de colores y extendí la toalla sobre la arena, me despojé de la ligera camiseta y del short que vestia dejando al sol mis carnes aun blancas como tetas de monja surgiendo del amarillo intenso de mi recién estrenado biquini caribeño. Me alegré de no ser vista por nadie, ojala fuera así hasta haber cogido un poco de color para no parecer un dominguero.

Sentada en la toalla saqué del bolso un bote de protector solar y procedí a embadurnarme con él, primero los brazos, las piernas despues y por ultimo los hombros y el escote, miré a mi alrededor asegurándome de no ser observada tras lo cual me despojé del sujetador masajeando con mis manos untadas de crema mis lechosos pechos .Suelo estar en la playa sin la parte de arriba del biquini por lo que mi precaución para evitar miradas tenia su origen en no estar aun bronceada en estos primeros dias, como pude extendí el liquido protector por la espalda, no era aun mediodia y quedaban unas horas hasta que Fernando, mi marido que debería estar aun trabajando se reuniera conmigo pues habiamos quedado en encontrarnos sobre las tres y media para comer unos bocadillos que habia preparado. Sentada a la sombra en mi silla de lona comencé a leer un grueso librote que tenia intención de devorar en unos dias,se trataba de una novela histórica sobre la que me habian dado buenas referencias. La quietud y el silencio del lugar me hicieron desistir de seguir con la lectura, me tumbé al sol boca abajo sobre la toalla escuchando la música que manaba de los auriculares de mi viejo MP3, la sensación de relajación y la excelente temperatura me transportaban a un estado de semi consciencia de lo mas agradable, cuando el sol me hizo sentir calor acudí a la orilla para darme el primer baño del dia comprobando desde el agua que aun no habia nadie mas en el lugar, con la piel mojada y tras secarme levemente el pelo volví a tumbarme al sol con los brazos sirviéndome de almohada, era tan agradable estar allí que sentí una especie de excitación que me hizo apretar los muslos al sentir un cosquilleo en mis genitales, me volví boca arriba y acaricié mi sexo suavemente sobre el tejido de las braguitas, estaba realmente receptiva… observé mis pezones que se habian erguido en manifestación de ese estado, dejé de acariciarme porque me habria masturbado allí mismo y eso en un lugar público y aunque no hubiera nadie era demasiado atrevido.

Entré en un estado de placentera ensoñación durante un periodo indeterminado tras el que abriendo los ojos observé como a unos metros de mi se hallaba la primera persona que compartia mi espacio, le observé: era un hombre de mediana edad que sentado sobre una toalla fumaba un cigarrillo, vestía por toda ropa un amplio bañador de color claro y miraba fijamente hacia el agua mientras fumaba, mi primera reacción fue la de colocarme el sujetador pero su actitud de aparente indiferencia me hizo desistir de hacerlo, me sentía confiada ante su presencia pues su aspecto no era desagradable en absoluto, sino que al contrario tenia un armonioso cuerpo ligeramente bronceado y aunque estuviera sentado se adivinaba su alta estatura por la longitud y fortaleza de sus piernas y brazos, con los antebrazos ocultando mis ojos le observé a través del hueco que formaban mis brazos, me gustaba mirarle sin que lo advirtiera deteniéndome en los detalles de su presencia, en la pequeña bolsa que reposaba en la arena junto a su toalla de rayas, en las gafas de sol con las que protegía sus ojos, en su bañador.. fue entonces cuando vi que con una de sus manos acarició su entrepierna apreciando ante la presión de sus dedos el volumen de lo que debía de ser su miembro, realmente me sorprendió su tamaño, debía estar excitado como yo lo había estado momentos antes, no era de extrañar pues la quietud del lugar, la calma, la brisa, todo en fin hacia estimular los sentidos de una forma placida.

Le ví levantarse y despojarse de las gafas de sol, aprecié entonces la confirmación de mi impresión primera: era un tipo alto y bien proporcionado, sacudió de arena su bañador con las manos fijandome en que al hacerlo tropezaban con algo que daba volumen a la prenda.. realmente no cabia duda de que estaba empalmado, hasta que salió de mi campo de visión le estuve observando mientras se dirigia a la orilla. El sol empezaba a hacerme sentir acalorada por lo que me protegí de sus rayos volviendo a mi silla bajo la sombrilla retomando la lectura, pude ver a mi vecino de playa nadando cerca de la orilla y como al rato salia del agua y sacudia su toalla de arena para secarse, algo en él me infundia confianza, estar a pocos metros de un desconocido compartiendo mi semi desnudez podria resultar incomodo en otras circunstancias pero hoy no sentia el mas minimo pudor, como si se tratara de un conocido.

El silencio reinante solo era roto por el rumor de las olas y el graznar ocasional de las gaviotas, la lectura me estaba resultando pesada, no era tan interesante la novela como me la habian descrito, abandoné el grueso tomo sobre mi bolsa de playa y acudí a la orilla sin intención de bañarme sino de refrecar mis piernas en el agua, estuve caminando de un lado a otro sin alejarme de la visión de mis pertenencias, mi vecino se aproximó a donde estaba y quizas debido a la proximidad fisica de ambos y por estar solos en tan amplio espacio me saludó con un “buenos dias” al que contesté timidamente. – Señora – me dijo dirigiendose a mi mientras me miraba con una expresión que inspiraba confianza, -Perdone mi atrevimiento pero he observado que se encuentra Vd. sola y no seria mi intención molestarla, pero ¿le importaría si coloco mi toalla a la sombra de su sombrilla?, no he traido y temo quemarme mas de la cuenta.

La petición me resultó incomoda, significaba compartir en un reducido espacio mi intimidad con un desconocido, pero me pareció tan correcta su forma de pedirlo y tan violenta una posible negativa que accedí timidamente: - Está bien, puede Vd. hacerlo – respondí . –Gracias, no le molestaré, se esta hoy tan bien aquí.. que me cuesta irme ya… pero el sol ahora esta dando fuerte ¿eh?. Si, es cierto respondí. Esperó a que acudiera a mi toalla acompañandome hasta ella, entonces fue a por la suya extendiendola a la sombra cerca de la silla donde habia estado leyendo.

Estuvo allí sentado junto a mi mientras encendia un cigarrillo, amablemente extendió un paquete de tabaco rubio ofreciendome fumar, por momentos dudé pero acabé aceptando, con su encendor me ofreció fuego permaneciando unos segundos muy proximo, pues con la brisa el mechero se apagaba y costaba mantener su llama.

    Gracias – le dije mientras sonriente se retiraba a su toalla. Durante ese lapso de tiempo aprecié como observaba mis pechos y eso me hizo sentir entre incomoda y halagada, era normal que un hombre los mirara, a pesar de mi edad los tengo bien puestos y se que gustan, su tamaño no muy grande y su forma natural ofrece una agradable visión realzada cuando al caminar balancean sus curvas, yo tambien le habia mirado a él.

    Estuvimos en silencio durante un buen rato tomando el sol, me encontraba en un estado de bienestar relajante y delicioso, sin delatarme estuve observandole mientras tumbado boca arriba permanecia muy cerca de mi con una de sus piernas flexionada, no pude evitar mirar la abertura de su bañador que allí donde terminaba de cubrir la pierna se ahuecaba, el color claro del tejido dejaba traslucir la luz y pude observar con toda claridad su pene, retiré azorada la mirada temiendo ser descubierta pero al ver su falta de atención hacia mi actitud retomé su contemplación, era un miembro realmente hermoso, no aparecia erecto pero aun en ese estado era de notable volumen, su visión hizo que me sintiera nerviosa, como alterada y a la vez excitada, volví a pretar mis muslos como lo habia hecho antes y mis pezones se tornaron desafiantes de nuevo, acaricié mi pecho con un poco de la crema bronceadora y sentí placer al hacerlo, temí hacer evidente mi estado y me tumbé boca abajo en la toalla para ocultarlos a su vista, percibí entonces que se habia levantado al ver su sombra proyectandose en la arena junto a mi.

    Me llamo Luis, me dijo, -Ana- contesté volviendo el rostro hacia él.

    Ana . disculpa pero he visto que no has cubierto tu espalda de crema, hay zonas que estan tornandose rojas –

    Si, no he podido extender bien la crema en la espalda. Dije mientras pensaba en que habia empezado a tutearme.

    Si quieres puedo ayudarte .- exclamó –

    No sé… balbuceé,

    Como quieras Ana, no quiero violentarte.

    No, no es eso… pero comprendeme.. no te conozco y …-Lo siento, soy un poco mojigata.. Extiendeme crema en la espalda Luis por favor.

    Será un placer, contestó . Favor por favor-

    Alargué mi mano ofreciendole el frasco de crema y arrodillado a mi lado comenzó a untame desde los hombros hasta el inicio de mis braguitas.

    El tacto de sus manos era firme y delicado a la vez, parecia un experto masajista y el frescor de la crema sobre la piel caliente me hizo estremecer, me sentía realmente excitada, entregada a esa sensación. Cerré los ojos mientras disfrutaba de su relajante masaje, mi expresión debia estar reflejando mi estado de placida relajación pero no me preocupé de disimularlo, Luis habia empezado a masajear mis piernas en silencio desde los muslos a los talones y yo me dejaba hacer, parecia como si en el aire flotara un fluido que afectara a mis sentidos haciendome olvidar toda precaucion que impidiera disfrutarlo.

    El deseo me asaltaba ante tantas sensaciones placenteras y pensaba en ello mientras Luis atrevidamente se hacia dueño de mi cuerpo respetando mis zonas erogenas, hubiera sido un error que no lo hubiera hecho pues aunque animalmente estuviera deseandolo no habria perdido el control hasta el punto de consentir que un desconocido se sobrepasara.

    En un momento se puso en pie ante mi observandome, - Servida señora – exclamó, le miré abriendo los ojos dedicandole una sonrisa de agradecimiento, - Gracias, ha sido muy relajante contesté observando como no podia disimular su erección bajo el bañador, seguramente lo notó porque azoradamente me dio la espalda para dirigirse a su toalla.

    Seguimos sin hablar tomando el sol durante un tiempo hasta que me erguí para tomar un baño, allí de pie ante él le dije que deberia irse pues mi marido estaba a punto de llegar y aunque no habianada malo en su presencia hubiera sido dificil de explicarla. Asintió con la cabeza y comenzó a recoger sus cosas.

    ¿Vienes mucho por aqui?

    Si, - le contesté – sobre todo entre semana, como puedes ver se esta estupendamente sin tanta gente…

    Gracias por todo Ana, encantado de conocerte

    Gracias a ti Luis por tu masaje, ha sido realmente relajante.

    Si nos vemos otro dia …..

    Ya nos conocemos, le interrumpí, - si estoy con mi marido te lo presentaré y otra vez no olvides la sombrilla le contesté en tono jocoso.

    Adios.

    Le vi alejarse caminando por la orilla hasta convertirse en un punto mas en la lejania, habia sido muy correcto y respetuoso, me pareció una buena persona y ademas muy atractivo.

    Continué con tomas de sol durante un tiempo hasta que Fernando mi marido apareció en la playa, le besé y conversamos sobre como le habia ido el dia mientras preparaba las bebidas que portaba en una pequeña nevera de mano y sacaba los envoltorios de los bocadillos. Ya habian acudido mas bañistas y al menos tres parejas estaban proximos a donde nos encontrabamos.

    Así sin mas, entre conversaciones y una breve siesta a la sombra transcurrió la tarde hasta que decidimos volver a casa.

    El camino de vuelta fue menos placentero que el de ida, el trafico habia aumentado y la sal en el cuerpo y la arena que todo lo invade nos hacia desear abreviarlo todo lo posible para tomar una ducha en casa.

    Fernando conducia su coche y tras el le seguia con el mio, durante el trayecto reflexioné sobre lo ocurrido con Luis, habia estado realmente a gusto y confiada junto a él y me remordia la conciencia el guardar ese grato recuerdo de un acto que debia ocultar a Fernando, no podia ser tan sincera con él de decirle que me habia sentido realmente excitada con un extraño, pero el ocultamiento al mismo tiempo me hacia sentir mal.

    Al llegar a casa tras una refrescante ducha y con ropas comodas cenamos viendo la tele hasta que el sueño nos venció y fuimos a la cama, pasar todo el dia en la playa es agotador y no tardamos en dormirnos con las ventanas del dormitorio abiertas pues el calor estaba empezando a ser intenso, habia estado pensando de nuevo en Luis.

    El jueves siguiente volvimos Fernando y yo a la playa, el habia tomado un dia libre y me podia acompañar, clavamos la sombrilla en el mismo sitio que el martes, pero en esta ocasión quizas debido a que era mas tarde habia mas concurrencia de bañistas, el programa era el mismode siempre: sol, bocadillos, nevera, bronceador, lectura… en fin todos los ingredientes de un clasico dia de playa, habia pedido a Fernando que me frotara la espalda con crema como dos dias antes habia hecho Luis, mientras lo hacia no puede dejar de pensar en como aquellas manos me habian sabido trasportar a un estado de excitación que no alcanzaba ahora con mi marido.

    Despues de la siesta a la sombra y cuando el ambiente se mostraba mas fresco decidí caminar por la orilla, es algo que suelo hacer con frecuencia para hacer piernas, suelo andar unos kilometros hasta el comienzo de la playa del pueblo donde la aglomeracion de bañistas empieza a ser agobiante, le pedí a Fernando que me acompañara pero no le ví muy motivado y con el pretexto de no dejar nuestras pertenencias solas decidió que no me acompañaría, por ello después de colocarme el sujetador del biquini y de ajustarme un pareo emprendí mi solitario paseo, llevaría unos quince minutos de marcha cuando oí mi nombre, busque el origen de aquella voz y pude ver a Luis con su bañador celeste de pié que me saludaba con una mano, me acerqué a el y le saludé con un beso.

    ¿Dando un paseo? Preguntó

    Si, suelo hacerlo a menudo

    ¿Estas sola?

    No, mi marido me acompaña pero se ha quedado leyendo en la toalla.

    ¿Quieres sentarte? Me dijo ofreciéndome una silla de lona junto a una sombrilla roja.

    Esta vez me has hecho caso ¿eh?, lo digo por la sombrilla sonreí

    Si, mujer poco a poco me voy equipando.

    No, no me entretengo quiero seguir caminando, se hizo un silencio tras haberle dicho eso.

    Bueno - le dije -,me alegro de verte Luis, ya me iba a disponer a seguir mi camino cuando me volvió a llamar

    Ana quisiera hablar un momento contigo.

    Pues acompáñame a caminar .

    No quiero dejar mis cosas descuidadas Ana tengo aquí las llaves del coche y mi documentación, no es seguro.

    Te propongo entonces un baño le dije

    De acuerdo

    Caminamos junto hasta el agua mientras intrigada pensaba en que me querría decir, su presencia seguía turbándome, entramos en el agua hasta que nos cubria hasta el cuello y allí a poca distancia uno de otro nos miramos en silencio.

    Ana, quiero decirte que he pensado en ti todo el tiempo…

    Yo también, le dije sincera, pasé un buen rato contigo y lo he recordado varias veces.

    Quisiera volver a verte

    Ya lo estas haciendo

    No, me refiero a que me gustaría volver a quedar contigo, me atraes mucho y es difícil que eso me ocurra como me pasó contigo y no querría perder la ocasión de una relación asi.

    Pero tu sabes que no soy libre

    Si, pero tenia que decírtelo

    Has sido muy atrevido Luis, aunque también muy sincero, debo decirte que me atraes también de un modo especial pero me debo a mi pareja.

    Lamento haberte ofendido Ana., - sabia ser encantador-, en ese momento una ola mas grande de lo normal nos arrolló, el al ser mas alto mantuvo el equilibrio y me tomó de la cintura para evitar que fuera arrastrada, de esa manera me atrajo hacia si sintiendo su cuerpo junto al mío, me mantuvo asi mientras yo abrazaba su cuello, entonces por un breve instante nos miramos y me besó. Fue un beso dulce, corto y muy sensual al que al principio no respondí pero sin darme cuenta estaba abriendo mis labios fundiendo mi boca con la suya, intensificó el abrazo mientras yo había introducido mi pierna entre las suyas sintiendo la dureza de aquel miembro que había podido ver el martes bajo su bañador, fue muy excitante.

    Estuvimos abrazados de esa manera sintiendo como me acariciaba suavemente la espalda, yo estaba en un mar de incertidumbre, me sentía muy agusto pero también asustada, me acerco de nuevo los labios y allí nos fundimos en un largo y apasionado beso mientras sentía como se diluían en el agua mis escrúpulos y aumentaba mi deseo.

    Habrás notado como te miraba los pechos ¿no Ana?

    Si . respondí –

    Son realmente bonitos, fue lo que mas me llamo la intención de ti.

    Yo también te he mirado, dije

    Estaba muy excitado

    Lo noté

    ¿De verdad?, seguíamos abrazados entre beso y beso, él introdujo sus manos bajo el sujetador tomando mis senos con ambas manos acariciando deliciosamente mis pezones, sin llegar a pellizcarlos con la presión justa. Dominaba el arte de la caricia, mis manos habían estado acariciando su espalda pero entonces introduje una de ellas bajo su bañador y tomé su pene en mi mano, el se estremeció y volvió a besarme haciendo que su lengua se introdujera en mi boca entrelazándose con la mia.

    ¡Qué sensación me produjo tocar su pene!, era realmente grande y grueso , su dureza no era comparable a ningún otro que hubiera conocido,

    Los dos al unísono nos despojamos de los bañadores y nos acariciamos con pasión, el tocaba mi sexo y yo maravillada no dejaba de hacer oscilar su pene sintiendo su peso, aquello me excitaba de sobremanera. El me hizo rodearle con las piernas por la cintura mientras con su falo buscaba penetrarme, lo deseaba mas que nada pero no pude continuar, estábamos muy próximos a la orilla y era muy descarado que estábamos empezando a follar, mucha gente conocida frecuenta la playa y si me reconocieran me moriría allí mismo. Le aparté de mi viendo como me miraba con cara desconsolada.

    No puede ser. Luis, no así.

    ¿Cómo entonces Ana? Necesito estar contigo

    Sígueme le dije poniéndome el traje de baño y tomándole de la mano, el se colocó el suyo y me siguió.

    Salimos del agua y casi corriendo subimos hasta unas dunas con pinares y vegetación espesa fronterizas a la playa donde no estariamos a la vista de nadie.

    Le pedí que se tumbara en el lecho de una duna y le bajé el bañador, la visión esplendorosa de su pene erecto me invitaba acariciarlo y besarlo.

    Te voy a devolver el masaje del otro día , dije tomando su miembro con ambas manos, lo acaricié suavemente haciendo subir y bajar delicadamente la piel que lo envolvía y que dejaba al aire su prepucio rosado y abultado, sentía en mis manos la palpitación del miembro entero, sentía su rigidez y su volumen excitándome su mera contemplación. El se abandonó a mis caricias que poco a poco crecían en intensidad hasta que lo introduje suavemente y poco y poco en mi boca hasta no poder mas, lo lamí con fruición mientras lo apretaba entre mis manos que apenas lo abarcaban, sentía la presión de su punta en mis amígdalas mientras gemía de placer pronunciando mi nombre .

    Me estas volviendo loco, decia acariciando mis pechos que explotaban de excitación, los pezones parecían querer reventar y sentía mi sexo mojado y palpitante. El calor en el fondo de la duna era sofocante, la brisa del mar no penetraba en el y la arena reflejaba todo el calor del sol sobre nosotros, sudábamos por todos los poros y el sofoco era inaguantable, no obstante el deseo lo superaba todo y continué mi felación hasta que no se pudo contener mas y tras sentir unas palpitaciones mas intensas eyaculó en mi boca, extraje el miembro sintiendo su semen a borbotones calientes regar mi cara.

    Mis sienes parecían estar a punto de reventar, cuando de pronto me desperté sobresaltada.. jadeante y sudando, miré desorientada a mi alrededor, estaba en la cama junto a Fernando, todo habia sido un sueño pero lo había sentido tan real que me sentía caliente y deseosa de sexo, por la luz que penetraba en la alcoba aprecié que acababa de amanecer, Fernando dormía plácidamente a mi lado pero yo no podia seguir asi en la cama, me levité y corrí a la ducha sin cubrirme siquiera con ropa alguna, suelo dormir en verano sin nada de ropa, bueno mejor dicho con unas bragas solamente, me despojé de ellas y me metí en la ducha, mientras jabonaba mi cuerpo acalorado sentía el deseo de ser poseída brutalmente como en mi sueño no lo había sido, rememoraba lo soñado mientras me acariciaba el sexo y las tetas hasta llegar a un orgasmo inmenso que me hizo gritar de placer, intenté reprimir mis gritos para no despertar a Fernando y salí del baño con las piernas temblorosas.

    Mientras preparaba un café estuve pensando sobre mi sueño con alivio de que no hubiera sido real, aunque esa situación no hubiera sido en absoluto inverosímil sino muy posible, Luis me atraía de sobremanera y si todo hubiera ocurrido así en la playa yo no hubiera podido reprimir el deseo que en sueños me asaltó.