SOY UN PLOMERO

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¿Como empezar a contarles esta triste historia de mi vida?

Todo comenzó un sábado por la mañana, yo soy  plomero y electricista de un pequeño pueblo en México, mi taller está al servicio de todos y a mis 24 años soy todo un experto en mi negocio.
Ese sábado abrí temprano, me sentía muy bien, mejor que otros días y abrí de muy buen humor.
Eran cerca de las 9:30 am cuando recibí una llamada, dijo ser la señora Rodríguez y necesitaba destapar la tubería de su lavabo.

Hay dos cosas que odio de mi trabajo, una de ellas es destapar cañerías, te sorprenderías de lo que se encuentra en esos sitios y de cómo hasta la persona más pulcra, nunca cuida de su hogar como de su apariencia.
Viaje muy a mi pesar a la casa de la señora, me tomo 10 minutos a pie en una zona de casas habitación de interés social, encontré el numero y me recibió una mujer madura, de unos 40 años, al menos eso me pareció al ver sus manos, porque su rostro era juvenil, yo hubiera dicho máximo 32.
Al recibirme comento que era divorciada, que no había hombre en casa que apoyara con estos trabajos, a lo que respondí que rápidamente pondría en orden el problema.
Note que para ser una mujer de cuerpo voluptuoso tenia figura, era lo que llamaba una gordibuena, la había visto en el barrio, normalmente vestía pantalones ajustados, dejando ver ese hermoso trasero que me levantaba el ánimo con tan solo verla caminar y no podía creer que ahora estaba en su casa.

 

Me emocione mucho al saber que era una divorciada, también el hecho de saber que estaba en su casa, pero más emoción el que me recibiera con tan solo una camisa puesta, sorprendente que al no tener hombres en casa trajera una camisa de hombre, azul, estaba descalza y traía calcetas blancas, de esas que llegan al tobillo. ¿Han notado que en las camisas justo en las piernas hay un corte? Pues por ahí pude ver su ropa interior, color blanco, ajustada, no negare que se me paro por hurgar en su intimidad mientras me mostraba el lavabo en la cocina. Que sufrimiento, tuve que bajar mi erección con un pellizco por dentro de las bolsas de mi pantalón. Retome la explicación que me daba del problema que tenia, vi que no me llevaría más de 15 minutos repararlo, quizá dejo algún trapo de cocina dentro de la cañería por lo que me dispuse a trabajar.
Ella tomo una silla del comedor y se sentó a lado del lavabo, observaba lo que hacía con gran detenimiento. Fue ahí donde mis nervios levantaron mi torpeza e hicieron que no pudiera quitar la rosca de la tubería, me hacían falta manos para tomar mi herramienta y el tubo al mismo tiempo, fue evidente que de reojo miraba sus piernas cruzadas, esas piernas que se tornaban grandes, hermosas, blancas, suaves, muy puras, con esos chamorros lindos, bien formados, quería acariciar el tubo como si fueran esas lindas piernas y besarlas desde abajo, hasta el hermoso tesoro que me esperaría al final del camino. Pero desafortunadamente estaba fuera de mi alcance, yo un mocoso con sus tontas fantasias.

Termine de reparar la tubería, pero hacía falta probar que el agua fluyera bien, para este momento ya había olvidado lo excitado que estaba y no me importaba su presencia en la cocina. Ella también estaba en lo suyo, preparando su desayuno, limpiando el comedor y yo estaba fuera de su vista la mayor parte del tiempo. Así que decidí decirle que ya estaba terminado, que podía probar el lavabo para ver si el problema persistía.
Muy amablemente se acerco al lavabo, abrió la llave y cuando creí que todo estaba listo…¡¡una gotera en la parte inferior!!
Ahora que lo pienso,  ¡Bendita gotera! Esto lo digo porque me recosté nuevamente en el piso, mirando a la tubería, y para ahorrar tiempo le pedí abriera la llave del agua mientras estaba en el piso.

Bendita vista me regalo dios, mire justo debajo de su camisa, pude ver ese bultito maravilloso que hacían los bellos en su vagina, se veía hermoso ese triangulo que formaba su ropa interior, así blanquita, sobresalía de entre esa hermosa piel, al instante volví a tener una erección fuerte, no podía pensar en nada más que en tocar sus piernas, por lo que sin querer (y de verdad que no tenía esa intención adrede) me levante hacia donde ella y le abrace las piernas dándoles un beso, ella reacciono preguntándome ¿¡Qué haces!? Pero no me quito las manos, así que le pedí perdón por mi acto y volví a besarle sus piernas, ya no podía detenerme, ella sintió la calidez de mi aliento y suspiro, eso me dio puerta abierta a seguir, subí las manos acariciando su trasero, ancho, redondito, muy suave. Su vagina quedo justo en mi rostro, pude sentir el calorcito y el temblor en sus piernas, así que sin pensarlo más baje sus calzoncitos blancos y ¡ahí estaba!
Nunca había visto una vagina así de hermosa, con una cantidad de bello que dibujaba bien ese triangulo que solo podía imaginar antes, no dude mucho y le bese la vagina, podía tocar ese clítoris con mi lengua y ella solo se sostenía fuerte del borde del lavabo, quería escapar un gemido de sus labios pero lo retenía.
Fue cuando me dijo “entre nosotros nunca podría pasar nada más” así que respondí pidiéndole me besara como nunca antes había besado a alguien.

Se sentó sobre mi tomo mi cabeza con sus manos y me beso en la boca como nadie, tenía su lengua en mi boca y ella me besaba como si yo fuera el alivio a toda una vida de soltería, de inmediato sus manos fueron directo hacia mi pene, desataron mi cinturón y lo saco con mucha ternura. No podía ocultar el placer que sentía por verlo en sus manos, me levante para que pudiera tocarlo sin lastimarme, pero ella se arrodilló y comenzó a chuparlo, se sentían deliciosos sus labios rozando toda la cabeza, su lengua jugueteando con mi pene, lo hacía muy tierno pero también por momentos su cabeza se movía atrás y adelante con un ritmo muy complaciente, sentía ya muy mojado mi pene, lleno de su saliva, con sus manos sobre el masturbándome con rapidez.
Fue entonces cuando ella me dijo estaba mojada, se quito su camisa y no tenia sostén, sus pechos grandes me encantaron, su pezón grueso y morenito me gustaba, no era muy negro, tampoco muy grande, lo justo para verse hermoso, me costó trabajo besarle los senos porque sin duda era mucho más alto y agacharme a donde estaban se complicaba por el lugar donde todo sucedía. Pero pronto ella me tomo de la mano y me llevo a la mesa, se sentó sobre ella y abrió las piernas invitándome a pasar. No olvido que me dijo “súbete” a lo que imagine como si fuera una prostituta diciendo que debía hacer un novato.
Pero siguiendo su orden puse mi pene en los labios de su vagina, la acaricie algunas veces sin metérselo, ella me dijo “hazlo ya” por lo que asumí que a pesar de que no buscaba esto, ya hace mucho que lo ansiaba y yo era el afortunado que haría esa labor. De inmediato se lo metí, lo hice lento pues quería sentir cada instante, a esta mujer la deseaba en silencio cada que la veía pasar y ahora la tenia así, solo con sus calcetas como vestimenta y con una vagina calientita y húmeda. Se lo metía mas y mas rápido cada vez y ella soltaba gemidos fuertes, se había olvidado que su casa está pegada junto a otras y que sus gritos se escucharían en casa de los vecinos, trataba de besarla para que no hiciera ruido, la gente me vería al salir y dirían “es el plomero el que se la tiro” pero dejaba de besarme para gritar, sus gemidos eran de placer, ese tipo de placer que solo el sexo puede hacerte perder el sentido, así que me deje levar por el momento, deje de pensar en el que dirán y me dispuse a la acción.
Se lo saque un momento para metérselo desde atrás, podía sentir ese culito hermoso, redondito a pesar de los años, disfrutaba el momento, sentía sus senos con mis manos y después las ponía en su cadera para metérselo fuerte, ella me decía “¡si, hazlo así!” por lo que desquite mis ganas y lo hice fuerte, después no sé que me impulso a darle una nalgada en ese culito hermoso, yo pensé que se voltearía y me diría “¡qué te pasa pendejo animal!” pero solo grito con un rostro de placer así que decidí darle una mas y recibí la misma respuesta, pude ver como esa piel blanquita se tornaba roja con la forma de mi mano en esa nalguita redonda pero veía su rostro lleno de placer por la forma en la que se lo estaba haciendo y de pronto como si ella fuese una masoquista me dijo: “házmelo rudo, sucio, házmelo fuerte, no te detengas”
¿Y qué podía yo hacer? No sabía a lo que se refería, solo se lo estaba metiendo en esa vagina que escurría su humedad por entre mis testículos así que me deje influenciar por algún video que vi una vez y jale su cabello hasta poder besarla, me respondió un beso muy tierno, sus labios mojaditos y sus ojos llenos de luz, jale su cabello con rudeza, como cuando un policía arresta a una persona y la obliga a ponerse contra la patrulla, así la hice ponerse contra la mesa, de pronto vi su culo ya enorme, porque estaba empinadita, la tome de las caderas y se lo metí lo más profundo que podía en cada vez, la mesa se movía por la fuerza y ella gritaba por el placer, volteaba y me miraba diciendo “me encanta como lo tienes duro, métemelo mas dentro” yo quería hacerlo mas y mas, el sudor ya nublaba mis ojos, las piernas me temblaban no podía evitar el sentir su vagina apretándome fuerte, así que tomándome un respiro la puse mirándome de frente, sentada en la mesa y me dispuse a hacerlo nuevamente, ella me abrazo, sentía sus senos en mi pecho, su sudor en mi piel y sus gemidos cerca de mis oídos, esta vez daba gemidos tiernos, suaves, yo solo sentía su abrazo cálido, me perdí en el, sentía amor, amor que no podía ser real pues ni siquiera habíamos hablado, pero era tan lindo su abrazo que no podía sentir nada más.
Pronto sentí e temblor en mis piernas, quise retenerme pero fue imposible, así que termine dentro de ella, sentía como mi semen era bombeado en su vagina, le deje el pene muy adentro, lo más adentro que pude, cuando ella noto que terminaba dentro, tomo mi rostro con sus manos y me beso, quería devorarme con ese beso, y yo correspondí desplomándome en sus brazos, se recostó en la mesa con mi cabeza en su pecho, aun siento su aroma dulce, ese perfume suave que tenía ese día, la suavidad de sus pechos y sus manos acariciando mi cabello.
Tristemente saque mi pene y ella se vistió, mientras yo hacía lo mismo, como yo tarde un poco mas camino al cajón de su alacena, tomo unos billetes y los puso en la bolsa de mi overol, me dijo “gracias por todo, pero esto fue solo hoy y nada más”
Me dio un beso en los labios y me acompaño a la puerta, Salí con mi herramienta tal como entre, pero ahora con las rodillas temblando y casi cayéndome camine a mi taller, conté el dinero viendo más de lo que costaba, pero que podía decirle, apenas y supe que su apellido era Rodríguez.
Hace ya 8 meses de mi gran aventura, nunca he sabido su nombre, no se le ha descompuesto nada y yo no me atrevo a hablarle, mucho menos ahora que la veo con una pancita de embarazada, se ve hermosa y aunque pienso que yo soy el culpable, creo que otro es el ganador.