Amigos con Derecho

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El 14 de Febrero mis amigos y yo nos organizamos para hacer una pequeña fiesta en casa de Karla, ya que sus padres habían viajado a pasar San Valentín solos en la playa. Nos dividimos quien llevaría las botellas, las cervezas y ya veríamos en la fiesta que pedir para cenar.

- Santiago, no olvides el vodka! – me dijo mi amigo Miguel antes de irnos del instituto.

- No, claro que no! Sabes que no se me olvida

 

- Ah claro, si te quieres tirar a Karla…

- Coño Miguel, cállate! – le dije golpeándolo en el brazo.

La verdad es que llevaba dos años con las ganas de tirarme a Karla. Ella tiene 19, al igual que yo. Es alta, delgada, de cabello oscuro y largo, y tiene unas tetas increíbles.

Al llegar a mi departamento descansé un rato, vi tv, y me fui al gym. No me pude concentrar ni por un momento, Karla y yo llevábamos unos meses de coqueteo, besos y unos cuantos fajes, pero hasta ese día no me había dado lo que más quería, y tenía el presentimiento de que ese iba a ser mi día de suerte.

Llegué del gym y tomé una ducha rápida, me sequé, me puse unos jeans y una camisa azul de botones. Me puse los zapatos y me puse un poco de perfume. Me fui a casa de Karla en mi auto, un poco apresurado porque ya se me hacía tarde. Pasé a comprar la botella de vodka y a las 9:00 p.m ya estaba en casa de Karla.

La mayoría de mis amigos ya estaban ahí, habían pedido unas pizzas y las estaban esperando. Dejé la botella en la cocina y empecé a prepararme algo para tomar cuando escuché a Karla detrás de mí:

- Hola Santiago – dijo con una gran sonrisa y abrazandome por detrás. - ¿Te he dicho cuanto amo tu abdomen?

- Hola nena – me volteé y le di un beso en la boca - ¿Quieres verlos más de cerca?

- Me encantaría… cuando se vayan todos, te tengo una sorpresa – me susurró al oído y se fue rápidamente.

La fiesta estuvo muy bien. Comimos, bebimos, platicamos y bailamos hasta las 2:00. Todo ese tiempo estuve con Karla, besándonos y tocándonos para entrar en calor. Al final solo quedamos Karla, Mariana y yo. Al ver que yo no me iba, quedaron muy claras mis intenciones para Mariana, que tomó sus cosas, se despidió de nosotros y se fue a su casa.

-Bien, preciosa, ya estamos solos, ¿Cuál era la sor…?

Ni siquiera me dejó terminar, me arrojó al sofá y se montó sobre mí. Nuestras lenguas se encontraban en nuestras bocas y nuestras desesperadas manos ya empezaban a arrancar la ropa del otro. Sentía la piel de Karla debajo de mis dedos, tan suave y perfecta. Dejé de besarla, tomamos aire y le besé el cuello varias veces. Sentía sus delicadas manos en mi espalda, quitándome la camisa. Se alejó un poco y desabrochó los botones, su cara era de deseo puro.

Me quitó la camisa y yo le arranqué la blusa. Podía ver sus pechos debajo de su sostén blanco y se me hacía agua la boca, intente quitárselo pero me detuvo y empezó a besar mi cuello y a darle mordiscos. Le tomé la cara y le besé la boca como si el mundo se fuera a acabar, le metí la lengua lo más que pude, le di pequeños mordiscos en los labios y ella también a mí. La cargué en mis brazos y me dirigí a su habitación.

La dejé sobre la cama, me puse sobre ella y seguí comiéndole la boca, le quité el sostén y por fin vi esas tetas que tanto me gustaban. Las tomé en mis manos y acaricié los pezones lentamente, acerqué mi boca a uno de ellos y le di un beso. Le pasaba la lengua, saboreando sus pechos mientras ella empezaba a gemir de placer. Se las masajeaba y se las chupaba como un loco, me encantaba como se sentía. Mi pene estaba a reventar, así que me acosté en la cama, Karla bajó un poco, me quitó los zapatos y me desabrochó los jeans. Los bajó lentamente y los arrojó al piso. Pasó su mano por mi pene y empezó a besarme el abdomen, bajando despacito hasta llegar al elástico de mi bóxer. Siguió dando besos a mi pene sobre el bóxer, lamiendo el precum que ya estaba en él. Tomó el elástico con sus dientes y lo bajó muy lento. Mi verga salió disparada. Estaba hinchada y se veía enorme, y vi en los ojos de Karla la mirada más ardiente que jamás había visto.

Tomó mi pene con una mano y empezó a lamer de arriba abajo. Yo estaba que moría, sentía su lengua recorrer todo mi pene y cuando se detenía en la punta, le daba un beso. Envolvió la cabeza con sus labios y poco a poco empezó a bajar y a subir, ahora si me estaba dando una mamada como se debe. Empezó a aumentar la velocidad y aproveché para tomarla de la nuca y llevar el ritmo, intentaba metérsela completa pero no podía. Sacó mi verga de su boca y me besó las bolas, chupaba asombrosamente bien.

La tomé de la cintura, la acomodé en la cama, y le quité los jeans de un jalón. Sus bragas estaban empapadas y se las quité. Me acerqué a su vagina y solté mi aliento en ella. Lentamente lamí su clítoris y a besarlo. Después de un rato, le comí el chocho como un verdadero maniático. Chupaba, mordía y metía la lengua lo más que podía. Sus jugos me empapaban los labios y era delicioso. Le metí dos dedos y soltó un gemido digno de película porno. Los giré y seguí comiéndole el conejito.

- Karla, me muero porque me la chupes de nuevo

- Sería un placer

Bajó hasta mi verga y empezó a mamar como una experta. La tomé del pelo y le follé la boca como debe ser. Sentía como mi pene llegaba hasta su garganta y ella empezaba a tener arcadas, asi que paré y dejé que siga mamando a su manera. Mientras mamaba, me vio a los ojos con mi verga en la boca. Tenía unos ojos salvajes y su cabello despeinado, podía ver sus tetas y sus pezones durísimos. Era un momento de fotografía.

Me bajé de la cama, me puse de pie,  levanté sus piernas y las puse sobre mis hombros de forma que su vagina quede a la altura de mi pene. Me acerqué lentamente y empecé a meter la punta. Sentía su tierna vagina cerrarse en torno de mi verga.

- Santi, métemela toda!

Le metí un poco más y la saqué de golpe, y puso cara de frustración. Lo hice de nuevo.

- Santiago, métela carajo!

- Karla, me encanta ver esa cara de puta que pones!

Le metí un poco más de la mitad y la saqué de nuevo.

- Santiago! Hazlo, joder!

- Pidelo nena – le dijé, lleno de lujuria.

- Papi, dame verga! Por favor!

- Si que eres puta… ruega más

Le di unos golpecitos en la pelvis con mi verga.

- Santiago, por favor! Fóllame! Méteme la verga!

Se la empecé a meter despacio y luego se la terminé de meter de golpe. Soltó un grito que me erizó.

- AHHHHH! Santiago!!!

- ¿eso querías, putita?

- Si papi, más!

La empecé a follar muy rápido. Sentía su vagina caliente alrededor de mi pene. Me encantaba oír el ruido de mis huevos golpeándose contra ella. La follé duro, sin descanso. Le sacaba la verga y luego se la metía con todas mis fuerzas.

- Ahhhh, papi!

Me salí de ella y me acosté en la cama.

- Montate en mi verga, putita.

Me dio un chupetón en el cuello y se sentó sobre mi polla de una sola vez. Sus nalgas rebotaban contra mis piernas a medida que subía y bajaba. La tomé de la cintura para ayudarla y me sentí en el paraíso. Toda mi polla entraba en su jugosa vagina, se sentía delicioso.

Se dejó caer sobre mí y nos besamos mientras la follaba. Sentía que ya no aguantaba.

- Nena, vamos a cambiar de posición. Ponte de perrito.

Se puso de a 4 patas sobre la cama y me coloqué detrás de ella.

- Santiago, por el culo no…

- Tranquila preciosa, ese hoyito luego lo estrenamos

Le metí mi verga y le seguí dando hasta cansarme. Ambos estábamos cubiertos de sudor. Sus nalgas estaban rojas de tanto golpearse en mi abdomen y mi pelvis. Saqué mi verga y se la pasé entre las nalgas sin metérsela. Le  palmeé y le mordí una nalga.

- Vamos a ponernos como al principio, ya estoy por venirme

Me puse sobre ella y le metí la verga hasta el fondo. La abracé y ella puso sus manos en mi espalda. La seguí follando sin parar mientras le chupaba el cuello.

- Ahhhh papi! Me vengo!

- Vamos, grita mi nombre!

Supe que llegó al orgasmo cuando me arañó la espalda y sus paredes vaginales apretaron mi verga con más fuerza. Mientras gritaba mi nombre, puse toda mi voluntad en no venirme. Esperé a que terminen sus espasmos del orgasmo para salirme de ella y puse mi pene entre sus tetas.

- Quiero llenarte las tetas de mi leche – Le dije, a punto de reventar.

- Hazlo papi!

- Masturbame

Me puse de pie y ella se puso de rodillas frente a mí. Empezó a mamarme la verga lento y luego tomó velocidad.

- Aghhh! Karla, me vengo!!!

Sacó mi verga de su boca y apunté a sus tetas mientras me masturbaba. Seis chorros de leche le cubrieron las tetas y le llegó hasta la barbilla.

- Nena, no puedes dejar que eso se desperdicie… - le dije al oído mientras sobaba sus tetas llenas de mi lefa.

Tomó mi semen con sus dedos y se lo llevó a la boca, una y otra vez.

- Ohh, Karla, eres una putita

Le dio una chupada más a mi pene y me dijo:

- Si Santiago, soy tu putita