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La Delgada línea

Una pareja tiene una animada vida sexual, rica en experiencias. Pero él quiere llegar más lejos, hasta hacer que su esposa se comporte como una auténtica puta... Hola, amigos. Mi nombre es Alberto y cuento con 32 años. Mi esposa Adriana tiene 28 años. Formamos una familia de buen nivel en todos los sentidos: gozamos de buena salud, somos atractivos, tenemos un buen trabajo y por tanto una economía sana. Para darnos nuestros gustos no debemos hacer mucho esfuerzo. En pocas palabras somos felices, y nuestro porvenir no muestra mala cara. Hace algunos días leí por Internet un relato acerca de una mujer muy Puta que no se negaba a hacer nada que tuviera que ver con el sexo: se exhibía en la calle como una buena zorra y cogía con quien quería y cuando quería con el permiso de su marido. Este la emborrachaba o la hacía fumar marihuana para que se desinhibiera y a ella le encantaba coger con otras personas en esos momentos, sin importarle si eran hombres o mujeres, siempre y cuando ella anduviera caliente o fueran de su agrado; se dejaba que le clavaran el culo, que le dieran algunos azotes en las nalgas, que le orinaran encima, e incluso se había dejado lengüetear la panocha por un perro que tenían como mascota, cosas estas últimas que de momento para mí fueron un tanto grotescas, pero al mismo tiempo, excitantes. Pretendí ignorar esta sensación y olvidarme del relato, pero sin darme cuenta, al paso de los días se me volvió una adicción releerlo por lo menos una vez cada día. Adriana es muy guapa. Sin ser la modelo típica de las revistas, tenía bastantes pretendientes y con bastante frecuencia otros hombres le lanzaban piropos en la calle o intentaban coquetearle sin importarles que yo la fuera acompañando, cosa que realmente no nos molestaba porque somos una pareja liberal; nos excitábamos y hasta reíamos en algunas ocasiones. Ya habíamos tenido algunas experiencias satisfactorias y calientes de tríos con otros hombres y de intercambio con algunas parejas, pero en mi mente siempre deseaba ir más allá y habíamos fantaseado con participar en alguna orgía o de organizarle un gang bang con más de tres hombres para que se la cogieran por todos sus agujeros. Lo único malo es que ella no se atrevía a cruzar la línea a la que habíamos conseguido llegar y todo lo que no habíamos hecho hasta ese momento apuntaba a quedar siempre como fantasía. Una cosa era su comportamiento en la cama, cuando estábamos cogiendo y accedía a todo lo que le proponía, pero en cuanto pasaba la excitación y empezábamos a establecer los contactos para realizar nuestros deseos, siempre encontraba pretextos para negarse a culminarlos y yo tenía que terminar pidiendo disculpas a todos los que ya estaban preparando su verga para comerse ese bizcocho. Precisamente ese día, yo me sentía un poco deprimido por ver como tres noches antes se había esfumado una nueva oportunidad de participar con un grupo de cyber amigos en una orgía real. Por la tarde, en cuanto llegué a casa aproveché que Adriana todavía no llegaba de trabajar y me encerré en mi estudio a leer la historia de Internet que tanto me había excitado. No pude aguantar y me hice una grandiosa chaqueta leyéndola e imaginándome a mi mujer en todas esas actividades de puta. Pese a que cada vez eran menos mis ganas de intentar convencerla, aun guardaba cierta esperanza de saciar nuestra morbosidad, pero como siempre, me embargaba la duda de si ella en realidad quería que tuviéramos ese tipo de relaciones. Hasta ese momento caí en la cuenta de que precisamente todo eso que había leído, era lo que yo secretamente quería que mi mujer hiciese: que se comportara como la más viciosa de las putas. A partir de ese día empecé a darle forma a un plan para llevar a mi esposa a pervertirse, emputecerse y degradarse como la mujer del relato. Lo primero y más difícil fue conseguir un poco de hierba, pues nunca, ni siquiera en mi juventud, la había consumido. Después de algunas indagaciones con la mayor discreción posible, conseguí una buena cantidad como para no tener que volver a comprar en un año. Después compré un cachorro y se lo regalé, cosa que a ella le emocionó pues siempre había querido un perro como mascota y yo me oponía porque no soy muy aficionado a los animales. Esto lo hice para que ella se encariñara con el perro y se acostumbrara a su cercanía y contacto. Incluso dejaba que se durmiera a los pies de nuestra cama. También como parte del plan dejé de insistirle en mis deseos, pero fingiendo desinterés le daba yo a leer algunos relatos de los más vulgares y obscenos o le enseñaba fotos que bajaba de Internet. Para que no sospechara ni se sintiera incómoda, yo nunca leía los relatos con ella. En ocasiones le platicaba las andanzas de un compañero de trabajo que siempre se había caracterizado por ser una persona vulgar y sucia en todo lo que se refería al sexo y le platicaba con todo detalle lo que él me contaba. Por último fui a una sex shop y compré algo de ropa y accesorios que escondí junto con la hierba esperando la ocasión de ser utilizados. Aguardé con paciencia el momento adecuado y seguí atiborrándola de información obscena. El momento ansiado llegó un viernes y fue provocado por ella indirectamente. Esa noche llegué a casa antes que Adriana y puse un poco de música esperando su llegada. El tiempo pasaba y, cosa rara, ella no aparecía. Esto nunca había ocurrido y empecé a sentir una mezcla de preocupación y enojo, pues intenté llamarla a su celular y lo traía apagado como casi siempre. Eran casi las 12 de la noche cuando escuché él ruido que hacía su coche entrando en el garaje. Ya sin la preocupación, corrí nuestra recámara y fingí ver una película de cable. No se demoró mucho tiempo en aparecer por la puerta de la habitación. - Hola, Amor. ¿Cómo estás? - Bien, no sabía que te ibas a demorar hoy... - Se me olvidó avisarte que íbamos a celebrar el cumpleaños del Director el día de hoy, aprovechando que es viernes. Me dio un beso en la mejilla y pude darme cuenta que había bebido whisky, la observé entonces y por el color que traía en su cara era evidente que fue más de un trago. En la mañana cuando salí a la oficina, no vi como se había vestido y ahora podía ver que llevaba puesta una minifalda gris y una blusa blanca semi transparente que dejaba ver vagamente su sostén de media copa. Salí de la habitación y fui hasta el bar, serví un trago de whisky grande y se lo llevé, encontrándola sentada frente al tocador alisándose el cabello. - Tómate otro trago - le ofrecí - Gracias, eres muy amable. Se acercó a mí, me tomó de la cintura y me estampó un beso en la parte baja de la mejilla. Me sentí desfallecer porque en ese momento percibí de manera más penetrante todavía el olor del whisky y supe que ese era el momento que estaba esperando, por lo que me alejé y me senté nuevamente en la cama a simular seguir viendo la película. En realidad la miraba a ella, entablamos una conversación trivial mientras se tomaba el güisqui. No se lo había acabado aun cuando fui nuevamente al bar y subí hielo y la botella completa, tenía que ponerla en forma, le serví otro trago. - Me siento halagada de que me atiendas así, Amor. - Es lo menos que puedo hacer cuando mi mujer llega de una "fiestecita" sin haberme avisado, - le dije de forma sarcástica. Ella se me quedó mirando extrañada porque nunca nos habíamos celado y nos concedíamos nuestro propio espacio. Regresé a la cama y empecé a jugar con el control pasando canales hasta que encontré un canal en el que bailaban unas chicas con unas mallas muy atrevidas, mostrando mucho de su cuerpo. Adriana se puso en pie y se movió hasta la cama sentándose junto a mí y preguntándome por qué estaba molesto. - Realmente no tiene importancia, - le dije con calma - lo que pasa es que me sentía preocupado al ver que tardabas y después me sentí frustrado porque pensaba en una rica noche de sexo contigo y tu te apareces borracha. Hasta fui a comprarte un poco de ropa para que la estrenaras hoy. - ¡Ayy, mi amor, eres muy lindo! No seas enojón y dámelo. Esta noche no se ha echado a perder, podemos hacer lo que tenías pensado. - ¿Sabes? Realmente no tengo ganas de estar con una borracha que a lo mejor se estuvo revolcando con otro después de hacerse la decente - le dije con intención de que se ofendiera. Nunca la había tratado así y la táctica dio resultado. Se enojó y empezamos a discutir, le dije que era una puta, que seguramente venía con el chocho lleno de leche de algún cabrón, que seguramente hasta por el culo le habían dado. Todo se lo reclamé de la manera más vulgar y gritándoselo. - ¡Pinche Puta borracha! Seguramente tus compañeros no me bajan de pendejo y hasta se han de reír de la clase de puta que tengo por esposa. Después de haberle repetido hasta el cansancio que era una puta, empecé a ceder y terminé disculpándome por mi "ofuscamiento". Ella reaccionó tratándome de manera cariñosa y entonces decidí aceptar la invitación a que tuviéramos una noche rica. - Discúlpame, amor. Espérame en la cantina mientras bajo lo que vamos a ocupar - le dije con el corazón latiéndome con fuerza. - Baja el whisky y también me sirves uno a mí. Bajó y yo saqué todas las herramientas para la ejecución del plan. La alcancé en nuestra cantina y le dije que subiera a la recámara a ponerse lo que le había dejado sobre la cama, pero antes la hice terminarse el whisky que se había servido y la mandé con otro en la mano. Tardó un poco en arreglarse, pero valió la pena. El atuendo que le había dejado se componía de una minifalda negra de látex, una blusa negra transparente que dejaba ver sus ricas tetas sin sostén, unos botines negros de tacón alto de aguja, medias negras a medio muslo que la falda apenas alcanzaba a tapar y una tanga de hilo dental pequeñísima. Se había retocado el maquillaje sin que yo le dijera nada y realmente lucía deliciosa. - Alberto, ¿te gusta cómo me veo? - Claro que sí, te ves preciosa. - Sinceramente me siento un poco rara, me veo muy indecente. - No te preocupes. Tal vez si te ves como una prostituta de las baratas, pero estamos en casa y no tienes por que incomodarte. Podemos fantasear que eres una prostituta y yo soy uno de tus clientes, ¿no te excitaría? - Pues no sé. No quiero que pienses mal de mí con lo que acaba de pasar. - Ohh, cariño. Vamos, simplemente fue un mal rato que debemos olvidar. Anda, juguemos. No dijo nada, solo sonrió y caminó hasta el frente de la cantinita, bebió un largo trago de whisky que vació su vaso y yo se lo llené de nuevo. Nuevamente me llevó a ella apretándome la cintura y me asestó un beso muy cerca de la boca, mi verga había empezado a reaccionar y no quería que se diera cuenta aún. Se acercó nuevamente el vaso a los labios y pasó la lengua por el borde de manera provocativa. Después lo dejó sobre la barra, puso música en el modular y se sobó las tetas con las dos manos, poniéndose sus pezones duros, yo la miraba a través del espejo simulando indiferencia. Comenzó a bailar al ritmo de la música contoneando un poco sus caderas. Pero yo debía tomar la iniciativa. - Eres muy vanidosa, ¿cierto, amor? - Todas las mujeres somos vanidosas, especialmente cuando tenemos un hombre mirándonos No dio vuelta para hablarme; lo había hecho a través del espejo al igual que yo. Bebió otro trago y mandó sus brazos atrás poniendo sus manos sobre sus nalgas y movió sus caderas para hacer más caliente su baile. Se veía bastante cachonda moviéndose así, ya que la minifalda le quedaba ceñida a su culo, además de que yo sabía que tenía una tanga muy pequeña metida en la división de sus nalgas. Yo conocía ese cuerpo a la perfección, pero ahora lo veía con un morbo exagerado por mis fantasías y por tal motivo tenía la verga como un riel y botando gotas de leche de la cabeza. - Te ves muy sabrosa, mujerzuela. ¿Trabajas aquí todos los días o estás en otro putero? - le dije con voz firme. - Trabajo donde haya hombres calientes dispuestos a pagar por una buena noche de sexo - contestó con la voz notoriamente afectada por la borrachera. - Pues aquí tienes uno muy caliente y con dinero para gastar, pero con una hembra que valga la pena. Soy muy exigente y la verdad, no creo que sepas satisfacerme. Prefiero buscar una puta dispuesta a todo - dije tratando de herir su orgullo, cosa que no fue difícil dado su grado de alcoholismo. - No me menosprecies. Soy una de las mejores putas que te puedes encontrar en esta ciudad. - No lo aparentas, luces muy recatada. Si quieres que hagamos trato te tendrás que comportar como yo te pida y si no te gusta, ya te puedes ir a chingar a otro lado. Para empezar, no confío en una puta que ni siquiera dice groserías. - Pues no te voy a rogar, pendejo. Si te quieres perder de estas nalgotas es tu problema. A mí me encanta la verga y sé como satisfacer a cualquier cabrón con ganas de una buena cogida. Mi corazón latía más aprisa viendo que ella también jugaba bien su papel, las cosas iban por buen camino. Se agachó a coger su vaso y exageró un poco, poniéndome ese culo en su total esplendor para que lo apreciara bien. Estaba caliente como una perra y como tal tenía que tratarla pero siempre halagando su ego de puta. Terminó de beberse todo el contenido de su vaso y me levanté a servirle otro inmediatamente. - Bébete otro trago, putita. - Sí, está rico, pero no debo beber mucho que de pronto pierdo la cabeza. - No te preocupes, puedes perderla si lo deseas, al fin que yo te voy a dar una muy grande. El problema es que en lugar de ponértela sobre los hombros, te la voy a poner en el culo. - Mmm, pues que rico. Ya ando chorreando aceite por el bizcocho nada más de imaginar que voy a tener mi ración de verga por esta noche. Bebió otro trago más corto que el anterior. Por mi parte me incorporé a mi sitio habitual, el lado extremo de la cantina, desde donde tenía pleno control de todos los movimientos que hacía la zorra de mi esposa y para no dejarle ver mi erección, aún. - ¿Y cuánto estás dispuesto a pagarme por toda la noche? - Mira, dado que es un pinche bar de mala muerte y a que luces como una putilla barata, estoy dispuesto a pagarte quinientos pesos. ¿Trato hecho? - Trato hecho. Saqué un billete y se lo di, advirtiéndole que era mía por esa noche y que tenía que desquitar hasta el último centavo de lo que le pagué. - Claro, cabrón. Veras como te va a atender esta putita - contestó. Se acercó nuevamente al modular a cambiar la música, la falda le tapaba unos cinco o seis centímetros debajo de donde terminan sus nalgas pero con su contoneo exagerado se alcanzaba a ver parte de su delicioso culo. - Te ves muy sensual moviendo así ese rico culo, cabrona. Espero que así lo muevas cuando tengas mi chorizo adentro. Aprovechó para menearse al son de la música, era juvenil, nada tenía que envidiarle a las chicas que trabajan en los table dance, sus nalgas se bamboleaban a los lados y sus tetas saltaban y aún tenía los pezones parados y terminados en una exagerada punta. Pretextando un poco de incomodidad se puso de espaldas a mí, se subió un poco la falda y se inclinó hacía adelante sacando con algo de fuerza la tira de su tanga que dividía su culo, dejándome ahora sí, verlo en todo su esplendor. Al incorporarse siguió bailando y bebiendo de su trago. - ¿Y me piensas coger por el culo también? - Claro, chingá. Una cogida sin culear no es una buena cogida - Pues ojalá aguantes porque quiero que me cojas bien por la boca y el bizcocho también. Quiero tus mecos retacando mis tres agujeros. Realmente estaba irreconocible. No dejaba de menearse pero con un sorbo pequeño a su trago y con un ademán incitante pasó su lengua por sus labios muy suavemente. En ese momento saqué, como quien no quiere la cosa, uno de los cigarros de marihuana y antes de que lo viera se lo puse entre los labios. Solo le dije antes de prendérselo que le fumara suave, pues era un cigarro rasposo. Se sorprendió un poco pensando que era un cigarro sin filtro, pero le acerqué el encendedor y le dio la primera fumada. Ni siquiera se percató de que mi mano temblaba por la emoción, pero cuando aspiró la primera bocanada, empezó a toser. - ¿Qué es esto? - preguntó tosiendo - ¿Lo ves? Te dije que por el pago tenías que hacer lo que te pidiera, así que no preguntes, déjate de mamadas y fúmale a esa madre. - Pues probemos, te demostraré que soy tan puta como la que más - dijo esbozando una sonrisa. Le fumó con mas cuidado cuatro veces más. Siguió bailando y un rato después ya estaba "colocada" y empezó a desatar a la puta que traía dentro. - ¿Que te parece mi cuerpo ahora que puedes verlo adornado con este traje de mujerzuela? - Es, estupendo, es perfecto, eres la mujer más rica del mundo, tanto que cualquier hombre botaría la baba al verte así en cueros y con esas tetas preciosas y de pezones duros y puntiagudos. A medida que yo hablaba, seguía moviéndose y pasaba sus manos por las partes que yo mencionaba, estaba como una perra en celo, y yo no me quedaba atrás, pero debía llevarla al borde, hacer lo que nunca antes había hecho en mi presencia, llevarla a la locura a causa de su calentura, del alcohol y la hierba. - Eso, Mamacita, mueve ese precioso culo, debes tener la piel suave y delicada, tus nalgas son grandes y perfectas, amásatelas, aprieta esas carnes duras, grandes como dos melones. - Sigue, Papi, sigue hablando, eres todo un macho, eres el hombre que necesito, para apagar el fuego que me quema. Su respiración estaba bien agitada, la muy puerca estaba caliente y había perdido la noción de todo. - Vamos, muévete, cerda, más rápido, mira tus muslos como piden ser tocados en la entrepierna, súbete a la mesita y sigue bailando ahí. Eres como una perra preciosa en calor, ¿cierto, puta? - Si, Papi, me hace falta una verga, que me clave todos los huecos de mi cuerpo. - Uy, Mamacita, tu papaya está mojada, es carnosa. Abre, más las patas y haz a un lado tu calzón, déjame verte los pelos y la entrada a tus entrañas, vamos perrilla, déjame ver tu caverna jugosa, mientras te amasas los labios de la panocha. - Sí, mira, mira todo lo que es tuyo, cabrón, todo esto será tuyo para que no gastes ni desperdicies tu leche o dinero en otras nalgas. La muy perra estaba bien caliente, se abrió de patas tal como se lo indiqué y yo quedé en el arco que formaban sus piernas semi flexionadas, se tomó los labios y los abrió sin reparos totalmente, dejándome ver su entrada rojiza y toda untada de baba vaginal, con un clítoris grande y durito. Al mismo tiempo tomé su tanga y se la arranqué de un jalón, entonces pude ver también el ojete de su culo haciendo contracciones, llamándome, ansioso de ser clavado. Mi verga y mis deseos poco podían aguantar, la leche ya fluía de mi interior. - Mastúrbate, sóbate la pepa, que salga toda la leche que almacenas en tu bizcocho - Papi, siento que me voy a morir de la calentura - sus dedos trabajaban rápido en su clítoris e incluso introducía tres en su cavidad. - Demuéstrame, que eres más puta y más mujer que otras perras callejeras, tu tienes clase, la mejor clase para culear. No suspendió su paja y sus movimientos se aceleraron más, flexionó sus piernas tanto que me quedó su vulva a menos de una cuarta de mi cara, las contracciones de los músculos de la panocha eran tan fuertes que podía ver sus movimientos internos. Aproveché y le di una nalgada no muy dura que sonó excitante debido al látex de su falda, le di otra y otra más. Ella solo movía más su culote. - ¡¡¡Sí, mira como soy de puta, tan puta que me hago una paja delante de ti, y te suplico que me cojas, cómeme, clávame por favor que te estoy dando el primeeer lechazooooooo!!! Sus piernas temblaron y creí que se dejaría caer encima de mí, pero no fue así, lo que sucedió ahora fue que tuvo el orgasmo de una cerda, dejando que su leche manara y que me cayeran gotas en mi cara, la cual recogí con mi lengua y dedos chupándolos, con ansia, así le obligué a bajar un poco más y me bebí hasta la ultima gota de su caliente vulva, jugué con su clítoris, para que no perdiera la calentura. - Chúpame, Papi, chúpame hasta el culo, chúpame toda, que soy toda tuya, mi pepa quiere ser toda tuya. - Chúpame la verga mejor, porque estoy que boto la leche. La hice a un lado y me quité el pantalón y la trusa, dejando que mi verga toda tiesa saliera al encuentro de su mamada. Le quité la blusa nada más, la recosté en el sillón sin decirle nada me acomodé para hacer un sesenta y nueve lindo, se clavó mi verga en su boca, verga que estaba ansiosa de penetrar cualquiera de sus hoyos. - Oh, cuanto he estado esperando esta oportunidad de poderte mamar semejante camote, Papi, es precioso y me calienta mucho más. - Chúpala, gran puta, no hables, solamente chúpala Yo ya estaba muy caliente y desenfrenado para hablar, así que le obligué a seguir chupándola. Mientras yo seguía jugueteando con su panocha y con viajes de mi lengua a su culito, que poco a poco se iba dilatando por acción de mi lengua y de los dos dedos que le entraban y salían sin mucha dificultad de su esfínter. - Estoy llegandooooo, perra, estoy dándote toda mi lecheeeeeee. De pronto sentí como el semen que tenía en mis huevos iba subiendo hacía la salida de mi vergón, pero mi esposa se apartó rápidamente, pensé que no se bebería mi leche y estaba por sentirme defraudado, me agarró la verga fuertemente con su mano izquierda y con la derecha tomó el vaso que contenía ya poco whisky, en cuanto lo asió bien lo llevó a mi verga a la cual no fue necesario más estimulaciones para botar el resto de leche que tenía, con la orilla del vaso recogió el semen que había derramado en su mano izquierda. Lo revolvió un poco y se lo bebió, pasándose la lengua por las comisuras de la boca y saboreando. Su respiración no se había apaciguado y por el contrario seguía siendo agitada y contorsionaba el cuerpo. Así que me levanté bamboleando a los lados mi verga mientras caminaba y le serví otro trago, que estaba ahora tendida sobre la alfombra con las patas abiertas. - Eres la puta más rica, ni siquiera en las películas pornográficas se ven hembras tan buenas como tú, me imagino que esto no va a terminar así, ¿cierto?. - Por supuesto que no, aún tengo mucho por enseñarte y lo de puta, sí tienes razón, pero te lo permito que me lo digas una vez que hayas visto todo lo que soy capaz de hacer. Ella bebió su trago, tranquilamente, yo ya estaba al igual tendido a su lado y acariciándole las tetas, ya le tenía los pezones de nuevo duros y respiraba un tanto agitada. - Papacito, eres un semental completo, en adelante seré yo quien te saque la leche con más frecuencia, me fascinó la venida que tuviste, ¿a ti te gustó? - Sí, mucho y seguiré dándote toda la verga que me pidas, pinche putota - Tiene, que ser así porque esto es apenas un abrebocas, mi chocha y mi culo están hambrientos por tener una verga como la tuya escarbando mis entrañas. Se rió con gracia y me dio un beso en la boca metiéndome toda su lengua dentro, con su mano derecha me agarró la verga y la acarició tiernamente, bebió de su trago y yo sabía que estaba muy mareada, los tragos y la hierba le habían hecho efecto. - ¿Estas caliente aún? - Sí, estoy que hiervo por dentro... - Entonces sigamos con la juerga, quiero verte masturbándote y clavándote tus consoladores, como quieres que te clave yo. - Pero, si lo que yo quiero es que seas tú quien me clave, quiero que me cojas y me trates como una puta callejera, o peor. - Sí, lo voy hacer, pero primero dame el gusto de verte perdiendo la cabeza con un aparato de esos, o si no quédate con las ganas de que té de por el culo, porque eso es lo que quieres que te haga ¿o no? Y no bebas más. Le di una palmada fuerte en una de sus nalgas, pero apenas brincó e hizo un gesto de agrado, comprendí ahora sí, porque, se había abierto el bizcocho como se lo abrió cuando se lo pedí, y porque se había metido duro la verga en su boca a la primera oportunidad que tuvo: ¡le gustaba el dolor y yo fantaseaba con poder producir dolor a mi hembra! Entonces sería mucho el banquete que me iba a dar en adelante. - Eso, papi, trátame mal, trátame como una cualquiera, así te daré todo cuanto me pidas, hoy y siempre - Entonces mueve el culo y saca tus juguetes, perra. Se levantó, de la cama y fue a su vestidor de donde sacó un cofre grande, en el cual guardábamos todos nuestros juguetes. Ahora se dirigió moviendo el culo que tenía su nalga derecha con mi mano marcada, a su tocador y del joyero sacó la llave, de inmediato lo abrió y lo volteó sobre la alfombra. Había unas diez vergas de todos los tamaños y formas, al igual que tres tubos de cremas. - ¿Con cuál quieres que empiece? Entonces tomé una de las más grandes, era suave muy parecida a la mía en forma pero no en tamaño, era más grande y gorda, la batí, hacia arriba y hacía abajo. - No, tu no vas a empezar con ninguna, vas a empezar metiéndote los dedos, si me gustan tus movimientos y veo que estás caliente te doy esta, y de acuerdo a cómo te vea después te doy la mía, si no te quedarás con las ganas y sobándote la panocha el resto de noche. - No seas malo, mírame como estoy de caliente, dámela y te prometo que con lo que haga te vas a derramar o te vas a decidir metérmela antes de lo que planeas. - Te dije que no gran perra, y si no quieres así guarda todo esto y nos acostamos a dormir. Yo no había terminado de hablar cuando la muy cerda se abrió de patas lo más que podía y sus manos separando bastante los labios de la panocha, su pepa daba saltitos pequeños, y sus dedos lo jodían sin dejar de abrir la panocha. - Eso, perra, metete los dedos en la panocha, demuéstrame qué tan puta eres, y qué es lo bueno que haces. En ese momento me acerqué a la puerta del patio y la abrí despacio dejando que entrara su mascota. Ella no se daba cuenta y mientras se metió dos dedos en la panocha y los sacó untados de leche complemente, su leche es espumosa y bien blanca, se los limpié con mi lengua para darle un aliciente, una vez estaban limpios volvió a meterlos y esta vez fue ella quien los limpió, como era de prever mi verga ya había alcanzado su mejor tamaño, pero me divertía viéndola pajearse y seguiría sin darle gusto, viéndome inmutable se metió tres dedos e hizo la misma operación los limpió con su lengua, ya tenía la mirada descompuesta. - Así, se hace, sigue, sigue que ya casi te doy ésta. Le mostré la verga plástica moviéndosela como antes, la muy perra se estremecía y sus carnes se movían, esto si me excitaba, se manoseaba el clítoris y se prendió más aún clavándose sus cuatro dedos lo mas profundo que pudo, deteniéndole la entrada su dedo pulgar que estaba por fuera, se revolcó en la alfombra cerrando las piernas y volviéndolas a abrir, gimiendo, haciendo ruidos como una marrana. Ya era justo el momento de que "Thor" interviniera. Tomé jugos de su vulva y se los embarré al perro en el hocico, lo dejé acercarse y tomándolo de la cabeza lo acerqué al bizcocho de mi mujer que seguía clavándose los dedos. Lanzó el primer lengüetazo y ella respingó al sentir la rasposa lengua invasora, pero lo dejó hacer y no se quitó. - ¡Arghhh, qué rica lengua! ¡Mámame bien, pinche perro cogelón! ¡Haz gozar a esta puta! ¡Mmmmm! Dejé que la lengüeteara por unos cinco minutos y la muy puta gozaba y chillaba como marrana. Entonces quité al perro y le aventé su verga de plástico encima. - Toma, clávate, como te de la puta gana, pero si no me agrada te la quito Casi me la arrebató de las manos y de una vuelta quedó en cuatro, con sus patas traseras bien abiertas y las tetonas colgando, para poder trabajar mejor con el consolador se apoyó en su pecho, pero su culo quedó en pompa y las nalgas separadas totalmente, tanto que de su culo intentó brotarse su intestino, soltando un gas fenomenal. Yo le respondí dándole otra palmada fuerte en la nalga que aún estaba intocable por el castigo de mis manos. Gimió más duro y se clavó el consolador tres cuartas partes. - Todo, mételo todo en la vulva, mételo y sácalo completo, que quede como un cráter Le di otra palmada de forma tal que uno de mis dedos le golpeara su ojete. La perra saltó del gusto que le proporcionó este último golpe. - Sí, Papi, golpéame, por ser tan puta, dame duro en el culo, sácale sangre, clávale los dedos al culo, sácame la mierdaaaaaaa. La calentura que tenía encima le hacía decir un montón de atrocidades, así como acelerar las embestidas que se estaba dando, metiendo completamente semejante vergón en su panocha abierta, me puso más cachondo y casi lograba sacar gotas de leche de mi verga. Decidí ponerme en su retaguardia y con la leche que dejaba en sus labios la verga le unté su ojete, lo chupé fuertemente, quería sacarle la mierda, cuando sintió mi lengua explorando su esfínter y su intestino soltó un grito emocionante y se volvió más grosera que antes. - ¡¡¡Eso, cabrón, sácame la mierda chúpame fuerte el culo, saaacameeee, todo de adentroooooo!!! Creo que incluso se lo mordí de lo ciego que me tenía la calentura, le metí un dedo en el culo, y sentí como entraba y salía de su hueco delantero la verga plástica, entonces me mojé toda la mano en la leche que salía de su panocha y le embestí el culo con tres dedos que hice girar en redondo mientras ella saltaba de la felicidad y suplicándome con voz perdida que le clavara mi verga, así lo hice, me puse en cuclillas y apunté mi verga al objetivo, empujé duro mi tolete adentro, tanto que hasta a mí me dolió la verga de lo fuerte que lo hice, pero le gustó porque bramó ahora como una vaca, la sensación de sentir la verga de adelante presionándome la mía e intentando dejarla por fuera hizo que me viniera a grandes chorros en su culo e incluso que las palpitaciones de mi verga fueran fuertes, y la muy perra de mi esposa, no paraba de mover las caderas y de empujar hacia atrás. - ¡¡¡Eso, Papi lléname de leche todas las tripas que se me revuelva con la mierda, empuja duro, empuja duro, cabrón, hazlo duroooooo, que entren hasta tus huevoooooos!!! Me desvanecí encima de ella y así descansamos hasta que mi verga volvió a su normalidad y ahí si lo saqué de su ojete, estaba rendido. Muy cansado y además habíamos sudado como caballos, entonces nos duchamos y nos acostamos a dormir, lo hicimos abrazados como siempre, pero ahora seguros que habíamos traspasado la línea que ella no se atrevía a cruzar. Desde ese día hemos disfrutado al máximo con nuestras prácticas bizarras: lluvia dorada, zoofilia con "Thor", pequeños azotes en sus nalgas, etc. Solo nos falta encontrar una pareja similar porque ella quiere ver que trate a otra mujer como la trato a ella y yo quiero ver como otro hombre le hace todo lo que yo le hago.

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